La perspectiva de Elena G. White sobre la Navidad

16 de diciembre de 2025 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Anna Galeniece

En la cultura en la que crecí, no se festejaba la Navidad, en parte por la propaganda atea contra la religión, y en parte por la creencia de los adventistas que vinculaba el 25 de diciembre con el solsticio pagano de invierno. Años más tarde, después de mudarme a los Estados Unidos, me encontré con una imagen muy diferente. La Navidad se celebra ampliamente, se comercializa y, a menudo, se vacía de todo significado religioso. La gente intercambia regalos y disfruta de las festividades, pero Cristo rara vez está en el centro. Esas experiencias opuestas me llevaron a preguntarme cómo vio Elena White la Navidad y qué consejos puede ofrecer a la iglesia.

Preparación para la Navidad

Al leer los escritos de Elena White, nos damos cuenta muy pronto de cómo exaltó a Cristo de manera consistente. Cristo era la figura central que ella adoraba, amaba y a la que dedicaba su vida. No es de extrañar, entonces, que, al referirse a la Navidad, Jesús haya seguido siendo el centro de esa ocasión profundamente espiritual.

En la época de Navidad, su corazón se extendía a las familias con niños. Instó a los padres para que enseñaran a los niños y jóvenes a comprender el verdadero significado de la festividad y a dirigir sus pensamientos, expectativas y ofrendas a Dios. Especificó que era “llamar la atención de los niños a la humildad del Redentor al venir al mundo”. Y que si “todo el cielo estaba interesado en el gran acontecimiento del advenimiento de Cristo a la tierra”,[1] ¿por qué deberíamos nosotros hacer algo diferente?

Elena White también animó a los cristianos para que sean creativos en sus celebraciones navideñas, para realzar su atractivo y atracción, dado que la Navidad es una ocasión para honrar a Dios con toda la familia. Aunque Cristo no nació el día de Navidad, invitó a los cristianos a tenerlo en el corazón y a no distraerse con diversas prácticas y tradiciones mundanas. “No hay santidad divina que descanse sobre el 25 de diciembre. No agrada a Dios que todo lo que concierne a la salvación de la humanidad mediante el sacrificio infinito hecho por ella sea tan tristemente pervertido de su diseño original. Cristo tiene que ser el objeto supremo”,[2] escribió.

En preparación para la Navidad, Elena White alentó a usar un árbol de hoja perenne como fuente de bendición en lugar de un objeto de idolatría o pecado.[3] Para ella, podía servir de inspiración para la generosidad, con ramas donde se colocaran regalos para los pobres y ofrendas dedicadas a Dios.[4]

“Agradaría mucho a Dios que cada iglesia tuviese un árbol de Navidad del cual colgasen ofrendas, grandes y pequeñas […]. Que sus ramas estén cargadas con los frutos de oro y plata de vuestra beneficencia y los ofrezcáis a Dios como regalo de Navidad. Sean vuestros donativos santificados por la oración”.[5]

Por lo tanto, usó la herramienta disponible, un árbol de Navidad, asignándole el significado que daría gloria a Dios y elevaría el ejemplo sacrificial de Cristo.

Los regalos de Navidad

Cuando se trataba de dar regalos de Navidad, Elena White abogó por un enfoque equilibrado. Si bien no desalentó dar algunos regalos a los niños,[6] reconoció que “las fiestas se han pervertido de su utilización original”, donde “se prodigan regalos unos a otros”.[7] Por lo tanto, instó a los creyentes a dirigir sus donaciones hacia propósitos más significativos: apoyar a las organizaciones benéficas “a favor de los indefensos”,[8] y para contribuir al avance del evangelismo, “la obra que Cristo vino a hacer”.[9]

Este espíritu de abnegación y generosidad fomenta los regalos y las festividades desinteresadas, porque «más bienaventurado es dar que recibir» (Hech. 20:35). Como lo expresó: “En Navidad, que los miembros de cada iglesia se reúnan, con ofrendas de manos y corazones dispuestos, los frutos del amor y la gratitud a Dios. Que todos ejerzan su influencia y capacidad para hacer que estas reuniones sean atractivas e interesantes. Mira cuántos medios puedes reunir para hacer avanzar la obra del Señor”.[10]

En lugar de promover “un día de banquete, de glotonería, de indulgencia egoísta”, Elena White instó a los padres a revelar el verdadero significado de la Navidad: la generosidad y el amor por los necesitados. Aconsejó: “Este año no gastaremos dinero en regalos para nosotros, sino que honraremos y glorificaremos a Dios. Testificaremos de nuestra gratitud a aquel que dio a su Hijo para que muriera como nuestro sacrificio, para que así pudiéramos tener el don de la vida eterna”.[11]

¡Qué ejemplo a seguir!

La misión de la Navidad

Para la mensajera de Dios, la Navidad también significó un tiempo para la misión. Abogó y apoyó el trabajo misionero por medio de la predicación, sus escritos y su vida personal. Por ejemplo, se puede leer sobre su predicación en vísperas de Navidad en la iglesia de Parramatta (Australia), en 1893. Asistieron muchos no adventistas, y su mensaje se centró en “el nacimiento de Cristo y las ofrendas de Navidad, el gran sacrificio hecho por Jesucristo para salvar a un mundo perdido”.[12] A lo largo de su ministerio activo, Elena White a menudo usó la predicación en Nochebuena o la Navidad como una forma de alcanzar a otros.

En otra fría mañana de Navidad en Texas en 1878, Elena y Jaimes White tuvieron una verdadera celebración: un desayuno con trece personas pobres, necesitadas y enfermas, entre las que se encontraba la familia Moore, de cinco integrantes. Además, los White pasaron ese día de Navidad ayudando a los Moore, porque estaban en extrema necesidad. Jaime y Elena White les proporcionaron las necesidades básicas: comida, ropa, algunos muebles y artículos temporarios. Incluso dieron parte de su ropa de cama a los Moore para que no pasaran frío y estuvieran cómodos.[13]

Por ello, mientras muchos compran más y más regalos sin pensar en Cristo, los mensajes de Elena White llaman al pueblo de Dios a abrir su corazón a la verdadera razón de las fiestas: Jesucristo y su amor por otros.

¿Y ahora qué?

Esta temporada navideña, mientras las celebraciones nos rodean, que el llamado de Elena White a estar enfocados en la misión y centrados en Cristo los guíe a usted y a su familia. Con ese espíritu, haga una pausa para reflexionar en oración sobre las preguntas inquisitivas de Elena White:

“¿No consagraremos este año a Dios no solo una parte, sino todos nuestros dones navideños para el alivio de su causa, que está tan necesitada? ¿Cómo podemos celebrar más apropiadamente la próxima Navidad; cómo expresar mejor nuestra gratitud a Dios por el don de su amado Hijo, que mediante ofrendas para dar, a todo el mundo, las nuevas de su pronto regreso?”[14]


[1] Elena G. White, Cada día con Dios (Mountain View, Cal.: Pacific Press Publ. Assn., 1979), p. 358.

[2] Elena G. White, “Christmas Is Coming,” Review and Herald, 9 de diciembre de 1884.

[3] Ibíd.

[4] Elena G. White, El hogar cristiano (Buenos Aires: Asoc. Casa Editora Sudamericana, 2007), p. 438.

[5] Ibíd.

[6] Elena White a Lucinda Hall, 19 de diciembre de 1873 (carta 29, 1873).

[7] Elena G. White, en Review and Herald,11 de diciembre de 1879.

[8] Elena G. White, El hogar cristiano, p. 438.

[9] Elena G. White, en Review and Herald, 15 de diciembre de 1885.

[10] Ibíd.

[11] Elena G. White, en Review and Herald, 11 de diciembre de 1888.

[12] Elena G. White, manuscrito 89, 1893.

[13] Elena G. White, Manuscript Releases (Silver Spring, Md: Ellen G. White Estate, 1993), t. 14, pp. 318-321.

[14] Elena G. White, en Review and Herald, 6 de diciembre de 1887.

Anna Galeniece es directora asociada del Patrimonio White en Silver Spring, Maryland.

Traducción de Marcos Paseggi