Lo que un reciente viaje a Indonesia nos enseñó sobre el servicio desinteresado y la verdadera conexión.
13 de enero de 2025 | San José, Costa Rica | Frank Artavia, para Noticias de la División Interamericana
“¿Y cómo predicarán si no son enviados?” (Rom. 10:15).
Ese texto bíblico ha sido mi antiguo compañero en mis esfuerzos misioneros. Junto con mi esposa, lo hemos leído, compartido y enseñado. Sin embargo, en un reciente viaje misionero a Indonesia, ese versículo también se convirtió en una experiencia profundamente real, vivida a través de pies agotados, manos ocupadas y un corazón pleno.

Los líderes de la iglesia y miembros locales saludan al equipo del Ministerio Ruaj durante una visita en diciembre. El equipo colaboró con el personal médico del Hospital Adventista de Manado para proporcionar servicios médicos a la comunidad en el norte de Célebes en Indonesia. [Fotografía: Sergio Romero]
A veces, como misioneros, deseamos hablar sobre la segunda venida de Jesús, olvidando que alrededor de dos tercios de la población mundial ni siquiera conocen de su primera venida o su ministerio. Indonesia es uno de esos países, parte de lo que se conoce como la Ventana 10/40, una región del mundo donde los cristianos son minoría.
Para mi esposa y para mí, ese viaje fue nuestro sexto viaje misionero con el ministerio Ruaj, pero sabíamos desde el principio que sería diferente. Cada proyecto misionero tiene su propio propósito y su manera de dejar huella en las personas. Esta vez, sin embargo, sentimos que Dios no solo nos enviaba a servir, sino también a transformar nuestro matrimonio.

Estudiantes de la Escuela Adventista de Tondano realizan una danza folclórica mientras reciben al personal médico y voluntario durante una labor de alcance a la comunidad. [Fotografía: Dayana Acosta]
El 18 de noviembre de 2025 salimos de Costa Rica rumbo a Indonesia. Nos llevó casi 90 horas llegar. Al llegar a Manado, en el norte de las Célebes, estábamos exhaustos, pero la cálida bienvenida que recibimos pronto hizo que el cansancio pasara al segundo plano. Representantes culturales, responsables de educación y turismo, y líderes locales nos dieron la bienvenida en nombre del gobernador. Fue una señal clara de que, cuando la misión se realiza con respeto, excelencia y amor genuino, se construyen puentes incluso más allá de la iglesia.
Cuando llegué a la Escuela Adventista de Tondano, el impacto fue aún mayor. Los niños formaron una valla humana mientras los miembros del Club de Conquistadores local marcharon, sonriendo y cantando. Mi esposa Dayana recuerda ese momento. “Mis ojos se llenaron de lágrimas al presenciar el amor puro y desinteresado que nos envolvió”.

Frank Artavia, odontólogo y médico misionero, atiende a un paciente durante el reciente proyecto comunitario organizado por el Ministerio Ruaj en Indonesia. [Fotografía: Dayana Acosta]
Como misioneros interculturales, disfrutamos estar en lo que se conoce como la “primera línea”, es decir, la primera línea de contacto con las personas a las que queremos llegar. La misión no es solo llegar, sino también convivir, escuchar, aprender, cometer errores al pronunciar nuevas palabras y reír juntos. Muchas veces no hablamos el mismo idioma, pero el lenguaje del amor siempre logra atravesar cualquier barrera.

Dayana Acosta ayuda a pulir los dientes de los niños como parte de una labor de divulgación dental que fue parte del viaje misionero. [Fotografía: Arnaldo Cruz]
El trabajo fue integral, proporcionando atención médica, dental, pediátrica, oftalmológica y de estilo de vida en colaboración con el Hospital Adventista de Manado. El grupo misionero del Ministerio Ruaj también apoyó la construcción, la electricidad, la cocina, los programas artísticos y la evangelización.
Mi experiencia en el campo médico misionero me permitió adaptarme a condiciones restringidas y entornos difíciles, siempre intentando ofrecer el mejor tratamiento humano posible. Dayana no solo le brindó apoyo en el ámbito artístico, sino que también tuvo un papel activo en el equipo dental como asistente. Participó estrechamente en cada procedimiento, organizando los suministros médicos y calmando a los pacientes, especialmente a los más jóvenes.

Carteles terminados con versículos bíblicos de aliento, pintados por Dayana Acosta y otros voluntarios en las paredes de la escuela. [Fotografía: Dayana Acosta]
Uno de los casos que más nos conmovió fue el de un joven de 24 años que sonreía con timidez. Tenía ambos dientes delanteros unidos por un tratamiento previo y caries ocultas. Con mucho cuidado y con los recursos disponibles, revertimos su tratamiento anterior para lograr una restauración dental completa.
Cuando el joven se vio en el espejo, su expresión cambió por completo. No solo recuperó la sonrisa, sino también la confianza. Desde ese día, no dejó de sonreír, y entendimos una vez más que la misión también devuelve dignidad y esperanza.

Los voluntarios ayudan a construir baños en la Escuela Adventista de Tondano. [Fotografía: Cortesía de Frank Artavia]
Hubo días de total improvisación. En una ocasión, el equipo odontológico dejó de funcionar. Aunque carecemos de conocimientos técnicos completos, desmontamos el equipo y conseguimos repararlo temporalmente con lo que teníamos a mano. La misión enseña a resolver problemas, confiar y no rendirse.
Dayana también se encargó de realizar cuatro murales con versículos bíblicos en el idioma local. “Siempre intento escribir versículos bíblicos en el lenguaje del corazón de las personas”, dijo. “Mientras pintaba los mensajes, los niños se acercaban, leían, hacían preguntas y celebraban entender lo que había en la pared”. Cada mural se convirtió en un espacio de conexión, alegría y evangelismo silencioso. Ella contó cuántos niños la abrazaron, le regalaron pequeñas cartas, chocolates o juguetes para expresar su gratitud.

Los miembros del equipo del Ministerio Ruaj y el personal médico se reúnen tras completar una labor de divulgación de dos semanas que proporcionó atención médica y apoyo a cientos de personas en la Escuela Adventista de Tondano en Indonesia a finales de noviembre y principios de diciembre. [Fotografía: Cortesía de Frank Artavia]
Una actividad transformadora
El viaje misionero a Indonesia fue una bendición única. Fortaleció nuestro matrimonio al darnos la oportunidad de servir juntos de nuevo, lo que nos recordó por qué elegimos ser un equipo en la misión en lugar de actuar de forma independiente. Entre los imprevistos, el cansancio y las largas jornadas de trabajo, aprendimos a apoyarnos mutuamente con una mirada, una palabra o un gesto silencioso. Ver que mi esposa servía con tanto compromiso, tanto en el ámbito dental como en el arte y la interacción con los niños, renovó la admiración y gratitud que sentía por ella.

Frank Artavia y su esposa, Dayana, visten atuendos tradicionales indonesios durante un reciente viaje misionero con el Ministerio Ruaj. [Fotografía: Cortesía de Frank Artavia]
Como pareja, ya habíamos participado en iniciativas misioneras en Albania, Bangladés, Camboya, Costa Rica e India. En 2026, planeamos servir en Tailandia. Indonesia, sin embargo, quedará para siempre grabado como un lugar donde recordamos que la misión no solo transforma comunidades; también transforma a quienes dicen “sí” al llamado.
Frank Artavia es un odontólogo que, junto con su esposa Dayana, tiene una amplia experiencia en el servicio misionero intercultural. La pareja sirvió durante casi seis años en la clínica adventista de Bangladés. Ahora viven en su país natal, Costa Rica, y viajan por todo el territorio de la División Interamericana, brindando formación en misiones interculturales.
Traducción de Marcos Paseggi