Uso del “sentido común” y la historia de Sarah Peck.
17 de febrero de 2026 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Merlin D. Burt para Adventist Review
“Instruye al niño en el camino correcto y aun en su vejez no lo abandonará” (Prov. 22:6, NVI).
En 1974, se le pidió a Paul Roesel, un profesor de la Universidad La Sierra y director de la guardería de la iglesia de la universidad, que llevara a cabo un trabajo de investigación para el Departamento de Educación de la Asociación General acerca de los consejos de Elena G. White en relación con la educación de niños pequeños. Durante el curso de su investigación hizo notar ante el Patrimonio White una importante entrevista del 14 de enero de 1904, entre la junta escolar del Sanatorio Santa Elena y Elena G. White. Esta importante entrevista, ahora manuscrito 7, 1904, le fue comunicada a la iglesia en la Reviewel 24 de abril de 1975. Parte de la entrevista se publicó como referencia más permanente en el tomo 3 de Mensajes Selectos.[1] Esta historia revela principios importantes acerca de cómo estudiar e interpretar correctamente los consejos inspirados de Elena G. White.

[Imagen generada por ChatGPT/AR]
Elena White escribió: “Los padres deberían ser los únicos maestros de sus hijos hasta que estos hayan llegado a los ocho o diez años de edad”.[2] Esto llevó a muchos padres y escuelas adventistas a no permitir entrar a los niños a las escuelas de iglesia hasta no haber alcanzado esa edad. Pero muchos padres no podían educar apropiadamente a sus hijos durante esos años tempranos antes de que comenzaran a asistir a la escuela.
Sarah Peck era una maestra de escuela en la pequeña aula de la escuela adventista del séptimo día conectada con el Sanatorio Santa Elena en el norte de California, Estados Unidos. Siendo que muchos de los padres que trabajaban en el sanatorio tenían niños pequeños que no gozaban de adecuada atención paternal, Sarah pensó en organizar una pequeña clase preescolar para esos niños menores de 8 años. Esto levantó interrogantes en cuanto al consejo de la Sra. White en Testimonios,, así que la junta escolar se reunió con Elena White para pedirle consejo acerca de lo que debían hacer. Ella les dijo: “Las madres deben ser capaces de instruir a sus pequeñuelos durante los primeros años de la infancia. Si todas las madres pudieran hacer esto y se tomaran el tiempo para enseñar a sus hijos las lecciones que éstos deberían aprender en sus primeros años, entonces todos los niños podrían mantenerse en la escuela del hogar hasta que tuvieran ocho, nueve o diez años de edad”.[3]
“Pero cuando escuché las objeciones: que los niños no podían asistir a la escuela hasta que cumplieran diez años, quise decirles que cuando me fue dada la a luz de que los niños no deberían asistir a la escuela hasta que tuvieran edad suficiente para ser enseñados no había [entonces] una escuela que guardara el sábado. A los niños debe enseñárseles en el hogar la debida conducta para que no sean descarriados cuando asistan a la escuela. La maldad que se manifiesta en las escuelas públicas sobrepasa casi toda concepción posible”.
Y continúa diciendo: “Esto es así, y he estado bien preocupada con respecto a la idea: ‘La Hna. White ha dicho tal y tal cosa, y la Hna. White ha dicho esto o aquello, y por lo tanto vamos a proceder como ella dice’. Dios quiere que tengamos sentido común y que razonemos con sentido común. Las circunstancias alteran las condiciones. Las circunstancias cambian la relación de las cosas”.[4]

Sarah Peck, década de 1880. [Imagen cortesía del Centro de Investigación Adventista]
Los consejos inspirados de Elena White se basan en principios bíblicos atemporales, pero ella aplicó sus consejos específicos en forma tal que se acomodaran al concepto de inhabilidad o negligencia de los padres, tomando en consideración el momento histórico y reconociendo las diferencias dentro del desarrollo infantil. El Espíritu de Profecía pide a los padres que sean responsables por la instrucción de sus hijos, mientras que al mismo tiempo insta a la iglesia a proveer escuelas de nivel primario y también preescolar.
La apelación de Elena White era: “Enséñese la Biblia a los [niños pequeños]. Sea eso uno de los puntos prácticos y vitales de su educación. Así es como debería ser”. [7]
“Debemos educar a nuestros hijos de tal manera que podamos llegar a las puertas de la ciudad y decir: ‘Aquí estoy, Señor, yo y los hijos que me diste’. No debemos llegar sin nuestros hijos y escuchar las palabras: ‘¿En dónde está mi rebaño? Mi pequeño rebaño que te di —ese hermoso rebaño que te di, ¿en dónde está? Y tengamos que responder que se han dejado para ser llevados a la deriva en el mundo, así que no son aptos para estar en el cielo. Lo que deseamos es prepararlos para el cielo, de manera que podamos presentar a Dios ese pequeño rebaño y decir: ‘He hecho lo mejor posible’”.[8]
Los consejos del Espíritu de Profecía se basan en principios bíblicos atemporales. Deben estudiarse cuidadosamente para proveer perspectivas asombrosas que nos podrán hacer mejores padres y guiar a la iglesia en su ministerio educacional. Pero esos consejos deben ser interpretados correctamente y aplicarse con sentido común santificado.
[1] Elena G. White, Mensajes Selectos (Mountain View, Calif.: Publicaciones Interamericanas. Pacific Press Pub. Assn., 1985), tomo 3, pp. 244-258.
[2] Elena G. White, Testimonios para la Iglesia (Miami, Florida.: Asociación Publicadora Interamericana., 2003), vol. 3, p. 153.
[3] Elena G. White, Mensajes Selectos, (Mountain View, Calif.: Publicaciones Interamericanas. Pacific Press Pub. Assn., 1985), tomo 3, p. 245.
[4] Ibid., pp. 247.
[5] Ibid., p. 249.
[6] ., p. 251 (ver también Elena G. White, “Interview on Age of School Entrance” (Entrevista sobre edad de ingreso a la escuela). Manuscrito 7, 14 de enero de 1904, tomado de https://egwwritings.org/book/b14069). (Traducción libre).
[7] Elena G. White, Manuscript Releases (Silver Spring, Md.: Ellen G. White Estate, 1990), tomo 6, p. 372. (Traducción libre).
[8] Ibid., p. 373.
Merlin Burt, Ph.D., es el director de Ellen G. White Estate (Patrimonio White) en Silver Spring, Maryland, Estados Unidos.
Traducción – Gloria A. Castrejón