La cuarta de las prioridades principales que darán forma a la misión de la División Interamericana durante los próximos cinco años.
26 de febrero, 2026 | Miami, Florida, Estados Unidos | Josney Rodríguez, División Inter-Americana
Cuando hablamos de Misión para todos, debemos considerar algunos aspectos que hacen aún más relevante la razón de la existencia de la iglesia en este tiempo trascendente. Un momento o instante que para los que estudian la profecía resulta no solo singular, sino particularmente reflexivo.
Vivimos en una época en la que el mundo anuncia, a voz en cuello, un regreso a los valores occidentales que incluyen el cristianismo.[1] Cuando en foros internacionales se afirma que “el mundo está cambiando muy rápido frente a nuestros ojos”, no se trata de una expresión retórica. Es el reconocimiento, desde las más altas esferas diplomáticas, de que vivimos una aceleración histórica sin precedentes..[2] Además, y muy importante, todo esto ocurre en un contexto en el que, durante el 74.º National Prayer Breakfast, el presidente afirmó que para que una nación sea verdaderamente grande necesita religión, fe y a Dios, y anunció una jornada nacional de oración para el 17 de mayo de 2026 con el propósito de “rededicar” a Estados Unidos como “una nación bajo Dios”, en el marco de las celebraciones por el 250.º aniversario de la independencia del país.[3]
La pregunta es inevitable: ante el avance de una nueva estructura mundial y un renovado énfasis en el cristianismo histórico que definió el carácter de Occidente, ¿qué papel jugarán los miembros de la iglesia en estos tiempos?[4]
Misión para todos no es un programa más. Es la respuesta de la providencia ante la urgente necesidad de presentar toda la verdad al mundo (Mateo 24:14). No se trata solamente de involucrar a todos los miembros, haciéndonos conscientes del tiempo solemne que vivimos, sino de alcanzar a todos cuantos podamos en medio de su necesidad, su búsqueda y su lucha (Eclesiastés 11:1, 6; Mateo 9:36; Lucas 19:10; 1 Corintios 9:22; Gálatas 6:9–10).
No se trata de avanzar cautelosamente, un poco más, sino de acelerar nuestro compromiso de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para alcanzar a toda tribu, nación y pueblo (Mateo 28:19; Mateo 24:14; Apocalipsis 5:9; 7:9; 10:11; 14:6).. Es saber que cada vez nos queda poco tiempo: Elena de White afirmo: “Grandes cambios están a punto de producirse en el mundo, y los movimientos finales serán rápidos” (3JT 280.2).
Misión para todos es el reconocimiento de que todos somos necesarios, de que Dios cumplirá su promesa de darnos poder, para que cada iglesia y cada miembro sea luz del mundo y sal de la tierra.
Durante mucho tiempo, el enemigo ha trabajado para que la iglesia permanezca dormida, pensando que más adelante será el momento apropiado para cumplir la misión. Las carencias, los conflictos entre nosotros, el ego y el deseo de hacer la obra a nuestra manera han marcado un largo y doloroso camino en este desierto.
Por eso escribió Elena de White:
“Es la incredulidad, la mundanalidad, la falta de consagración y las contiendas entre el profeso pueblo del Señor lo que nos ha mantenido en este mundo de pecado y de dolor por tantos años” (Manuscrito 4, 1883).
Estoy seguro de que no sabemos la hora de la venida de Cristo, pero cada día crece en mí la convicción de que está mucho más cerca que hace solo unos meses. Entonces, ¿qué hará cada uno de los que forman parte del pueblo remanente, conscientes de su papel y responsabilidad para salvar su vida, su familia y el mundo que los rodea?
Si ahora es el tiempo, no puedes quedar fuera de este movimiento profético cuyo único objetivo es: vivir la misión.
Te invito a unirte al plan misionero de fe más grande, con un propósito claro: levantar a Cristo y glorificar su nombre en todo el territorio de Interamérica. Es hoy. Y si no eres tú, ¿quién?
Alabo a Dios porque esta invitación no es solo un mensaje; es parte del plan de la providencia para tu vida y la mía. Tengamos fe. Vivamos en santidad. Marchemos unidos.
Y que se cumpla esta promesa: “Si los cristianos actuaran de concierto, avanzando como un solo hombre, bajo la dirección de un solo Poder, para la realización de un solo propósito, conmoverían al mundo” (Testimonios para la Iglesia, t. 9, p. 177).
¿Contamos contigo?
Josney Rodríguez es el secretario ministerial de la División Interamericana.
1 Sobre el renovado discurso público en torno al “retorno a los valores occidentales” y el papel del cristianismo en la identidad cultural y política contemporánea, véase: Samuel P. Huntington, The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order (New York: Simon & Schuster, 1996), especialmente caps. 1–2; Patrick J. Deneen, Why Liberalism Failed (New Haven, CT: Yale University Press, 2018);Yascha Mounk, The Identity Trap (New York: Penguin Press, 2023); Pew Research Center, “In U.S., Decline of Christianity Continues at Rapid Pace,” October 17, 2019; y “Religious Nationalism Around the World,” February 8, 2024.
2 Marco Rubio, “Discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich,” 14 de febrero de 2026, Departamento de Estado de los Estados Unidos, donde declaró: “El mundo está cambiando muy rápido frente a nuestros ojos.”
3 Donald J. Trump, “Remarks at the 74th National Prayer Breakfast,” Washington Hilton, Washington, D.C., February 5, 2026. En su intervención declaró: “To be a great nation, you have to have religion. You have to have faith. You have to have God,” y anunció una jornada nacional de oración para el 17 de mayo de 2026 con el propósito de “rededicate America as one nation under God.” Véase también cobertura en CBN News, “Prayer Is America’s Superpower: Trump Seeks Prayer in Schools, Points to U.S. Growth of Faith,” February 5, 2026; y Fox News Digital, “Trump Announces National Day of Prayer Event for May 17,” February 2026.
4 La misión universal de la iglesia se fundamenta en el mandato de Cristo: “Id, y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:18–20). Este llamado se armoniza con la visión profética de Isaías 60:1–3, donde el pueblo de Dios es exhortado a levantarse y resplandecer en medio de la oscuridad de las naciones. En el marco escatológico, Apocalipsis 10:11 declara: “Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes,” reafirmando la dimensión mundial de la proclamación. Asimismo, Apocalipsis 14:6–12 presenta el mensaje eterno que debe ser anunciado “a toda nación, tribu, lengua y pueblo,” confirmando que la misión final del remanente es global, urgente y centrada en la adoración verdadera y la preparación para la venida de Cristo.