El tercer de cuatro prioridades principales que darán forma a la misión de la División Interamericana durante los próximos cinco años.
19 de febrero, 2026 | Miami, Florida, Estados Unidos | Alvaro Niño, División Inter-Americana
Hoy continuamos para compartir el tercer eje de nuestro plan estratégico 2026-2030, con el lema: Yo iré, viviendo la misión. Se trata del eje: Unidad en el Espíritu para el servicio.
De los más grandes y extraordinarios dones prometidos por Jesús a sus seguidores sin lugar a dudas ha sido el don del Espíritu Santo. Jesús prometió que el Espíritu Santo vendría a la vida de cada creyente para llenar sus corazones de paz, seguridad y esperanza. El Espíritu Santo de Dios, señaló Jesús, habría de guiar a cada uno de sus seguidores a toda verdad (Juan 16:13).
En el libro de los hechos además quedaron registradas las palabras de Jesús acerca de lo que ocurriría cuando el Espíritu Santo fuera derramado sobre cada uno de sus discípulos: “… pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Hechos 1:8. La gran proclamación de las buenas nuevas de salvación a través de cada uno de sus discípulos, como testigos de su gracia y de su poder, sería posible gracias a la manifestación poderosa del Espíritu de Dios entre sus seguidores.
El cumplimiento de esta promesa es conocido en la Escritura como el Pentecostés, hecho sin igual, que no solo dio paso a la proclamación poderosa y sobrenatural de los grandes acontecimientos ocurridos en el ministerio de Jesús, además afirmó el anuncio de los grandes temas del evangelio de salvación; el perdón de los pecados, por la fe en el sacrifico expiatorio de Cristo Jesús, el gran mensaje de su muerte y de su resurrección, su obra mediadora y la promesa de su segunda venida, entre otros grandes temas, para dar termino a la historia del pecado con su secuela de enfermedad, sufrimiento, dolor y muerte, dando paso así al disfrute de una nueva creación con su presencia para siempre.
La manifestación poderosa del Espíritu Santo en ocasión del pentecostés vino no solo como cumplimiento de una promesa, también en respuesta a una fervorosa búsqueda de quienes se hallaban reunidos en el aposento alto, quienes clamaban a Dios por su presencia. Hubo arrepentimiento y confesión, los discípulos escudriñaron sus corazones y confesaron sus pecados a Dios. Con sencillez y humildad de corazón se presentaron al Señor en oración ferviente clamando por el cumplimiento de la promesa, y el Espíritu fue derramado en respuesta a la oración de fe.
El Libro de los hechos narra con cierto detalle el dramático cambio que sufrió el hasta entonces pequeño grupo de creyentes que habían quedado. Los discípulos, llenos del Espíritu Santo, en armonía y unidad se gozaron en proclamar las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús.
La Biblia registra el gran acontecimiento con las siguientes palabras: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados, y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” Hechas 2: 41-42.
El relato de Hechos no solo testifica de una experiencia de arrepentimiento y conversión, lo que ya es extraordinario, adicionalmente nos introduce en una dinámica nueva en la comunidad de creyentes, una dinámica que da cuenta de la poderosa transformación que ocurre gracias a la manifestación poderosa del Espíritu de Dios. Lucas lo relata de la siguiente manera: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”
Lucas manifiesta en su narrativa que como resultado de la presencia del Espíritu de Dios no solo hubo arrepentimiento y confesión, también hubo un espíritu de unidad, como resultado de la conversión obrada en sus corazones.
Dice que: “perseveran en la doctrina”, no era solo emoción, aunque por supuesto que había gozo, pero su gozo descansaba en la seguridad de las enseñanzas de los apóstoles. Esta experiencia de unidad también se reflejaba en sus relaciones personales, Lucas añade: “… en la comunión los unos con los otros, en el partimiento del pan…” en este sentido el salmista David se refirió a esta experiencia con las siguientes palabras que dan paso a las bienaventuranzas del amor fraternal en el salmo 133, “ “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Seguramente departían en los hogares en un ambiente de respeto, de amistad, de mutuo compañerismo y generosidad, como se ratifica versículos más adelante.
El versículo 42 de Hechos 2 culmina señalando que esta camaradería estaba acompañada por una vida de oración.
Apreciados hermanos esta ha de ser también hoy la experiencia de la iglesia, una iglesia que busca en oración y ruego recibir, en respuesta a la oración ferviente, el don del Espíritu Santo, de manera que sea según lo expresa el salmista, “Como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.”
A nuestro derredor hay comunidades, hogares, personas; hombres, mujeres y niños que esperan ser bendecidos por los frutos del Espíritu de Dios que obra en nosotros y a través nuestro para llevar bendición a sus vidas, a través de actos de bondad en atención a sus necesidades. Existe a nuestro alrededor un mundo que necesita de nosotros, de nuestro testimonio y de nuestras obras de servicio a fin hallar el camino de la salvación en Cristo Jesús.
El Señor cuenta contigo, el Señor cuenta conmigo para esta tarea!
Te invito hoy, vivamos la misión.
Alvaro Niño es el subsecretario de la División Interamericana.