19 de marzo de 2026 | Torben Bergland, para Reminded.org

Una crisis no es una pesadilla de la que despertamos. Es una realidad a la que despertamos. Nos recuerda que nunca sabemos qué traerá el siguiente momento. Nos recuerda que somos seres frágiles. Representa una amenaza para alguien o algo importante para nosotros; quizá incluso hasta nuestra propia existencia. Una crisis desencadena ansiedad, dolor y angustia. ¿Cómo manejar nuestros pensamientos y sentimientos en momentos difíciles, para superarlos y quizá incluso salir más fuertes de ello? A continuación comparto seis maneras de hacerlo:

  1. Es una crisis. Acéptala.
  • Minimizarla o maximizarla no ayuda. Hay un peligro en hacerla más pequeña de lo que es, pero tampoco se gana nada exagerándola. Que sea lo que sea, ni más ni menos, según los límites de nuestro conocimiento y comprensión.
  • Vaya paso a paso. No sirve tratar de dar marcha atrás o huir. Dé un paso y luego otro, en un camino desconocido hacia un futuro desconocido. Recuerde, sin embargo, que es mejor caminar juntos. Si uno cae, el otro puede levantarlo.

  • Una crisis saca lo mejor y lo peor de nosotros. Espera ver algo de ambos en ti mismo y en los demás. Por eso, sea paciente, amable y compasivo consigo mismo y con los demás.

  • Una crisis puede ser un punto de inflexión para bien y para mal. Tratemos de cosechar todo lo bueno posible.
  1. Será difícil. Acéptala.

  • No podemos hacer que desaparezca. Aquí es donde estamos ahora mismo y tenemos que dar lo mejor de nosotros en medio de ella.

  • No podemos controlar la situación. Pero podemos hacer lo mejor posible y apoyar a los demás para que hagan lo mejor que puedan. Estamos mejor preparados para dar lo mejor de nosotros cuando afrontamos la realidad tal y como es.
  • Pueden producirse resultados negativos. Puede haber pérdidas. Puede ser estresante. Puede que lleve tiempo. Pero también pueden producirse resultados positivos.
  • Usted puede que sufra física, mental, relacional, social, financiera, existencial y espiritualmente. No tiene sentido tratar de convencerse a uno mismo y a los demás de que todo está bien. No es así. Pero podemos encontrar ayuda y consuelo en los demás y en Dios. Es hora de acercarnos más a otros.
  1. Es un momento para la reflexión. Trabaja en ello.
  • Es hora de tomarse un tiempo. Vivimos en un mundo tan apresurado y acelerado que cada segundo puede estar lleno de cosas. Muchos están ocupados produciendo o consumiendo, lo uno o lo otro, casi a cada momento en que están despiertos. Esto deja poco tiempo para pensar, reflexionar, meditar, sentir, hablar, conectar. Tenemos que ir más despacio. Permitir que se abran espacios y detenerse, cuestionar, evaluar y reconsiderar. No llene los espacios vacíos con lo que tenga a mano. Permítase dedicar tiempo a reflexionar. ¿Estoy viviendo la vida que quiero vivir? ¿Cuáles son los verdaderos valores y prioridades de mi vida? Mis palabras y deseos pueden ser una cosa, pero mis acciones pueden contar otra historia. La prueba de la verdad no es lo que digo, sino lo que hago. ¿Cuál es la verdad sobre mi vida?
  • Podemos encontrar nuestros corazones y mentes inundados de cosas totalmente ajenas a la crisis, pero que se desencadenan, se activan y se agitan por ella. Cosas de nuestro pasado, nuestro presente o nuestro futuro. Cosas que pueden sorprendernos, cosas que no sabíamos que existían, o cosas que son más grandes y fuertes de lo que imaginábamos. Pueden arrasarnos como olas. O puede que tratemos con ellas cuando lleguen. Lo segundo puede ser mejor. Pero una ola no se puede planificar. Tenemos que estar preparados para cuando llegue y dejar que la travesía sea tan difícil o suave como la ola que la lleva.
  • Primero lo primero. ¿Es trabajo? ¿Es por la salud? ¿Son amigos? ¿Es familia? ¿Es Dios? Deja que tu concentración y tu tiempo reflejen lo que más importa en tu vida.

  1. Lo que hagas puede marcar la diferencia. Hazlo.

  • Ame más. Manténgase conectado. Por su propio bien y por el bien de los demás. Al cuidar de los demás, usted mismo se sentirá ayudado.
  • Hable de mejor manera. Tenga buenas conversaciones cada día con personas que signifiquen algo para usted. Si está solo, hágalo por teléfono o por internet. Si está con alguien, reserve tiempo de calidad para tener conversaciones cara a cara. Y recuerde hablar con Dios como su padre, madre, amigo, ayudante y salvador. ¿Quizá ha llegado el momento de esas conversaciones más profundas?
  • Cuídese y cuide su entorno. Lávese la cara, el cabello, el cuerpo, la ropa, los platos, el piso. Mantener las cosas exteriores lo hará sentir mejor por dentro.
  • Muévase más. Si puede salir, salga todos los días y muévase al menos treinta minutos. Si no puede salir, levántese y camine cada hora y haga algo de ejercicio adentro. Si le falta inspiración para hacer ejercicio bajo techo, hay muchos entrenamientos guiados en línea y en diversas aplicaciones.
  • Permita que el sol le dé su calor. El sol no solo ilumina el cielo, sino que también ilumina la mente. Disfrute un poco de luz natural cada día si es posible, aunque lo máximo que pueda hacer sea sentarse junto a la ventana.
  • Coma bien. Tómese su tiempo. Disfrute de 2-3 comidas al día, preferiblemente acompañado de otra persona. No esté picoteando a toda hora. Desempolve esos libros de cocina y pruebe algunas recetas nuevas. Ingiera muchas verduras frescas, frutas y otros alimentos integrales.
  • Duerma lo suficiente. Acuéstese lo suficientemente temprano para despertarse renovado por la mañana. Acuéstese y levántese a la misma hora todos los días. Haga una pausa de las pantallas antes de acostarse. Si le apetece echarse una siesta, tómela solo una vez antes de la tarde y no más de 30 minutos.
  • Ría con frecuencia. El humor es una buena forma de mitigar el dolor y liberar la tensión. Es una forma adulta de ser juguetón. Busque lo que pueda resultarle gracioso y disfrútelo con otra persona.
  • Llore cuando sea necesario. Llorar también es una buena forma de liberar tensiones y comunicar a los demás que está sufriendo. No culpamos a los bebés por llorar cuando necesitan que alguien los cuide y les provea. Tampoco deberíamos culpar a los adultos. Sea compasivo consigo mismo y con los demás siempre que haya lágrimas. Sea siempre compasivo.
  • No se vaya a los extremos. No se ponga a ver Netflix durante horas. No trabaje de más y sin parar. No se atiborre de noticias. No se deje inundar todo el día por las redes sociales. No coma descontroladamente. No se deje consumir por la rabia o las frustraciones. No se vaya a los extremos en esas cosas que no le resulten útiles y alentadoras.
  1. La vida es más que las crisis. Sea consciente de ello.

  • No deje que las crisis secuestren toda su vida. Hay mucho más en la vida y en el mundo que las crisis. Agradezca por ello.

  • Sea consciente de los demás. No se deje absorber por sí mismo ni por su propia situación. Hay muchos que necesitan una mano extendida. Piensa en quiénes de su círculo de familiares, amigos, colegas, iglesia y comunidad pueden necesitar ayuda. Contáctese con otra persona todos los días.
  • Las cosas podrían ser peores. No todo está perdido, por más que algunas cosas se pierdan.

  1. Hay esperanza. Abrace esa idea.

  • Esto también pasará.

  • Mientras haya vida, hay esperanza. Y como seguidor de Cristo, incluso en la muerte hay esperanza. Podemos sufrir, pero no necesitamos desesperar. No estamos solos en esto.

  • “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman” (Rom. 8:28 NVI).

  • “Pero ahora, así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: ‘No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío’” (Isa. 43:1 NVI).

  • “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos” (Rom. 14:8, NVI).

Le dije: “No te vayas a los extremos”, pero en realidad, hay cosas en las que sí puede exagerar: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gál. 5:22-23). Esas características están almacenadas en abundancia en el almacén celestial, listas para ser enviadas a quien las reciba del Creador de todas las cosas buenas. “Por eso os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Luc. 11:9-10).

Traducción de Marcos Paseggi