Cómo comprender bien sus escritos

3 de marzo de 2026 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Theodore Levterov para Adventist Review

¿Te ha tocado alguna vez leer algo y haberlo completamente malentendido? Esto ocurre más frecuentemente de lo que nos damos cuenta. Un sencillo ejemplo de ello es la palabra “fútbol”. En todo el mundo, este término hace referencia a un juego en el que los jugadores usan sus pies para movilizar un balón a través del campo de juego —un deporte conocido en los Estados Unidos como soccer. Sin embargo, en los Estados Unidos, el término “fútbol” describe un juego completamente diferente que se parece más bien al rugby. La misma palabra se aplica a dos diferentes significados dependiendo del contexto cultural.

Algo similar puede suceder cuando leemos escritos históricos, especialmente religiosos. Elena G. White, una cofundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, vivió y escribió en un mundo enormemente diferente al nuestro. Sus escritos proféticos reflejan el vocabulario, las normas sociales y los temas de su tiempo. Sin una lectura cuidadosa es muy fácil malinterpretar sus palabras o dejar de percibir la profundidad de su consejo. El comprender la intención de Elena G. White requiere algo más que simplemente leer sus palabras —se necesita una reflexiva interpretación. Las siguientes pautas ofrecen pasos prácticos para leer sus escritos con mayor claridad y fidelidad.

Comenzar con una actitud mental positiva y abierta

El primer paso para comprender bien la lectura de los escritos de Elena G. White es acercarse a ellos con una actitud positiva en vez de hacerlo con suspicacia o duda. Nuestra actitud mental influye en la forma como interpretamos lo que leemos. Si acudimos a sus escritos determinados a desaprobarlos o criticarlos, es poco probable que escuchemos realmente su mensaje.

Elena White misma entendió esta humana tendencia y advirtió: “Si escudriñas las Escrituras para vindicar tus propias opiniones, nunca alcanzarás la verdad. Estudia para saber qué dice el Señor”.[1] El mismo principio se aplica a sus escritos. De la misma manera como oramos porque el Espíritu Santo abra nuestro corazón cuando leemos la Biblia, deberíamos también orar con humildad y entendimiento cuando leemos a Elena White.

Considerar el contexto histórico y literario

Una segunda pauta esencial es prestar atención al contexto. Con demasiada frecuencia las personas han basado su comprensión o prácticas en una frase aislada de los escritos de Elena White, sin tomar en consideración el pasaje más amplio, la situación histórica o la audiencia a la que se estaba dirigiendo. Ella misma hizo la observación de que algunos tomarían “una cláusula aquí y otra allí, sacándola de su contexto adecuado y aplicándola de acuerdo con sus ideas”.[2] Esto, explicó ella misma, lleva a la confusión y a una mala aplicación.

Por ejemplo, Elena White aconsejó un vez en contra de que los jóvenes asistieran a ciertos entretenimientos, tales como el teatro o las salas de baile de sus tiempos.[3] Algunos lectores actuales asumen que esto significa que está prohibida toda forma de recreación. Pero cuando lo entendemos en contexto, su consejo se refería a ciertos lugares en el siglo diecinueve que con frecuencia se asociaban con bebidas alcohólicas, apuestas e inmoralidad. El principio detrás de sus palabras no es una condena generalizada del entretenimiento o la recreación, sino una advertencia sobre algunos ambientes que debilitan el carácter cristiano. Al leerse en su contexto histórico, cultural y literario, encontramos un sentido más claro del actual mensaje de Elena G. White y evitamos el aplicar injustamente su consejo a situaciones a las que nunca se refirió.

Identificar los principios fundamentales

La tercera pauta es enfocar la atención en los principios fundamentales en vez de en los detalles específicos. Elena White dio con frecuencia consejos prácticos ajustados al tiempo y el lugar en donde ella vivía. Aunque las circunstancias externas puedan cambiar, los principios permanecen atemporales.

Un buen ejemplo de lo anterior ocurre en 1894, cuando Elena G. White escribió una firme carta a los dirigentes de la iglesia en Battle Creek condenando la extravagante compra de bicicletas.[4] A primera vista, esto parecería algo muy extraño a los lectores modernos. ¿Deberían los adventistas del séptimo día evitar actualmente las bicicletas?

La respuesta se encuentra en la comprensión del principio. En ese tiempo, las bicicletas eran un artículo de lujo y su costo era para algunas familias el equivalente a varios meses de salario. Algunos miembros de la iglesia se estaban endeudando a fin de adquirir el “nuevo juguete”, motivados por el orgullo y la competencia social. La advertencia de Elena White no era en contra de las bicicletas en sí mismas, sino en contra del gasto innecesario y las prioridades equivocadas. Cuando enfocamos la atención en el principio básico —la responsabilidad financiera y la mayordomía—, podemos aplicar fielmente su mensaje a situaciones contemporáneas sin quedarnos atrapados en una interpretación literal.

Estudiar todo lo que Elena White escribió sobre un tema

Otro error común es construir una interpretación basándose en una o dos citas aisladas. Para evitar lo anterior, debemos estudiar todos los escritos de Elena White sobre ese tema particular. Este amplio enfoque nos ayuda a ver el equilibrio y armonía de su pensamiento. Elena White confrontó ella misma este asunto durante su vida. Escribió:

“Sé que muchos hombres toman los testimonios que el Señor ha dado y los aplican como suponen que debieran ser aplicados, extrayendo una cláusula aquí y otra allí, sacándola de su contexto adecuado y aplicándola de acuerdo con sus ideas. Así quedan perplejas las pobres almas, cuando podrían leer a fin de que en todo lo que ha sido dado pudieran ver la verdadera aplicación y no se confundieran. Mucho que se da a entender como un mensaje de la Hna. White, tiene el propósito de representar mal a la Hna. White, haciendo que testifique a favor de cosas que no están de acuerdo con su mente o juicio”. [5]

Por ejemplo, sobre el tema de la reforma en pro de la salud, Elena White escribió, por una parte, advertencias severas en contra de hábitos no saludables y, por otra, consejos compasivos en cuanto a un cambio de estilo de vida gradual y equilibrado. El leer solamente sus declaraciones más fuertes la puede hacer parecer dura, mientras que el leer solamente pasajes más suaves, la puede hacer parecer permisiva. Al tomar en consideración la totalidad de sus consejos, podemos llegar a una más rica y precisa comprensión de su mensaje.[6]

Verificar las fuentes

Finalmente, antes de aplicar cualquier declaración a nuestra vida, debemos asegurarnos primeramente de que Elena G. White lo haya realmente escrito. A través de los años se le han atribuido falsamente numerosos dichos. Esas «declaraciones apócrifas” han causado confusión y aun desconfianza.

El Patrimonio White mantiene una lista de tales citas mal atribuidas en su página web oficial.[7] Cuando el lector se encuentre una declaración sorprendente o extrema, debe buscar la apropiada referencia. Únicamente cuando se verifica la fuente se debe proceder a estudiarla usando los principios enunciados anteriormente.

Conclusión

El leer los escritos de Elena G. White es un privilegio que ofrece un profundo enriquecimiento espiritual; pero lleva también consigo la responsabilidad de interpretarlos en forma cuidadosa. Cuando nos enfrentamos a sus mensajes proféticos con mente abierta, prestando atención a su contexto histórico y literario, enfocando la atención en sus principios centrales, comparando los pasajes relacionados y verificando las fuentes originales, estamos mejor capacitados para percibir la intención de su consejo. La lectura cuidadosa y con oración transforma sus escritos en una guía viviente —una que nos conduce a una relación más profunda con nuestro Señor Jesucristo en el mundo de hoy.


[1] Elena G. White, Palabras de Vida del Gran Maestro (Mountain View, California.: Publicaciones Interamericanas. Pacific Press Pub. Asson., 1971), p. 84.

[2] White, E. G. (1966) Mensajes Selectos (Mountain View, California.: Publicaciones Interamericanas. Pacific Press Pub. Asson., 1966), tomo 1. P. 50.

[3] Ver, por ejemplo, Elena G. White, Mensajes para los Jóvenes (Argentina: Casa Editora Sudamericana., 1953), pp. 378.

[4] Elena G. White, Testimonios para la Iglesia (Miami, Florida.: Asociación Publicadora Interamericana., 1998), vol. 8, pp. 58, 59.

[5] E. G. White, Mensajes Selectos, tomo 1, p. 50.

[6] Un recurso muy útil para entender la visión equilibrada de Elena G. White sobre la salud y el estilo de vida saludable es su libro El Ministerio de Curación.

[7] Ver https://whiteestate.org/about/issues/#faqcb9a0659-8f6c-45ed-bfb7-54af8844ee0c.

Traducción – Gloria A. Castrejón