“Sean fuertes y valientes. No teman ni se asusten ante esas naciones, pues el Señor su Dios siempre los acompañará; nunca los dejará ni los abandonará”. — Deuteronomio 31:6 (NVI)
2 de abril de 2026 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Paulo Lopes, presidente de ADRA Internacional
Vivimos en una época en la que la incertidumbre se siente constante.
Desde crisis globales y catástrofes naturales hasta la inestabilidad económica y las crecientes necesidades humanitarias, el mundo puede parecer inestable de formas que ponen a prueba tanto nuestros sistemas como nuestro espíritu. Es fácil, en momentos como esos, sentirse pequeño. Preguntarse qué puede realmente dejar una marca en una vida, una elección, un acto de fe.

Una mujer entrega un regalo a un niño pequeño, como un símbolo de la esperanza y la compasión en tiempos de incertidumbre. [Crédito de la fotografía: ADRA Siria]
No como una gran solución a todos los problemas, sino como algo más tranquilo y personal. Como una forma de moverse por el mundo. Una decisión de confiar en que, incluso en tiempos inciertos, Dios sigue presente, sigue obrando, todavía invitándonos a participar en algo más grande que nos trasciende.
En eso pienso cuando reflexiono sobre el liderazgo basado en la fe. No en un título ni un puesto, sino en una postura del corazón. Una disposición a mantener la esperanza, incluso cuando el resultado aún no está claro.
Esperanza vivida en el valor de todos los días
En mis años trabajando para ADRA, he visto cómo la superación de las crisis no solo se traduce en respuestas a gran escala, sino también en las decisiones diarias de la gente corriente.

“Desde crisis globales y catástrofes naturales hasta la inestabilidad económica y las crecientes necesidades humanitarias, el mundo puede parecer inestable de formas que ponen a prueba tanto nuestros sistemas como nuestro espíritu”, escribe Paulo Lopes, presidente de ADRA International. [Fotografía: cortesía de ADRA Líbano]
Esas no son las historias que llegan a los titulares. Pero son esas personas las que sostienen el mundo.
Nos recuerdan que la esperanza y la resiliencia no son ideas abstractas. Se viven en pequeños y fieles pasos. Al elegir seguir adelante. Creyendo que el mañana puede ser diferente, incluso cuando hoy es difícil.

“La esperanza y la resiliencia no son ideas abstractas”, escribe Paulo Lopes, presidente de ADRA Internacional. “Se viven en pequeños y fieles pasos”. [Fotografía: Miguel Roth]
Lo que me conmueve igual de profundamente son las personas que eligen estar junto a otras en esos momentos.
El voluntario que viaja más allá de sus fronteras para prestar servicios en comunidades que nunca antes ha visto, ofreciendo no solo sus habilidades sino también su presencia. El donante que da, a veces de forma sacrificial, confiando en que su contribución se convertirá en parte de una historia más amplia de sanación y restauración. El miembro de iglesia que moviliza a su comunidad para responder cuando se produce una catástrofe, asegurando que nadie enfrente las dificultades solo.
Esos actos pueden parecer sencillos. Pero juntos, forman algo poderoso: una expresión global de compasión que refleja el corazón mismo de Dios.
En un mundo que a menudo se siente dividido e incierto, son recordatorios de que seguimos conectados. Que todavía nos pertenecemos mutuamente.

Viaje de ADRA Connections a Perú en 2023. [Fotografía: ADRA Connections]

ADRA y Servicios Comunitarios Adventistas del Gran Washington distribuyen alimentos en Tacoma Park, Maryland.
Una invitación
La incertidumbre siempre formará parte de nuestro mundo. Pero la esperanza también.
Lo vemos en la resiliencia de las comunidades que se reconstruyen tras una pérdida.
Lo vemos en la generosidad de quienes eligen dar y servir.
Lo vemos en las innumerables pequeñas decisiones que se toman cada día para seguir adelante.
Y estamos invitados a formar parte de esa historia.
Llevar la esperanza a nuestros propios hogares, nuestros lugares de trabajo, nuestras comunidades.
Confiar en que incluso el acto más pequeño, ofrecido con fe, puede repercutir en el exterior de formas que quizá nunca veamos del todo.
Porque en manos de Dios, la esperanza nunca queda desperdiciada.
Crece.
Se multiplica.
Y con el tiempo, transforma no solo la vida de los demás, sino también la nuestra.
Traducción de Marcos Paseggi