El celo sin discernimiento sigue produciendo divisiones.
7 de abril de 2026 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Erton C. Köhler, presidente de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, para Adventist Review
Uno de los mayores peligros para la iglesia hoy no proviene de la presión externa, sino de la prisa interna. La verdad puede verse herida no solo por el error, sino también por la forma en que se la defiende. En un mundo conectado, los rumores viajan más rápido que los hechos, y las reacciones suelen llegar antes de la comprensión. La intención de compartir información puede sonar noble, incluso espiritual, pero el resultado puede generar una confianza quebrantada, relaciones dañadas y un testimonio debilitado ante el mundo.
Las Escrituras enseñan de manera consistente que el motivo por sí solo no es suficiente. La metodología importa. Cuando Jesús fue arrestado en el Getsemaní, Pedro reaccionó de inmediato. “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, hirió al siervo del Sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha” (Juan 18:10). Su lealtad era sincera, pero su respuesta fue errónea. Jesús detuvo la escalada, sanó la herida y restauró el orden. El amor sin sabiduría sigue hiriendo. El celo sin discernimiento sigue dividiendo.

Erton Köhler se dirige a la delegación momentos después de ser elegido presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día durante el Congreso de la Asociación General de 2025 en St. Louis, Misuri, Estados Unidos, el 4 de julio de 2025. [Fotografía de archivo: Daniel Gallardo/DIA]
Ese mismo patrón es visible hoy día. Las plataformas digitales premian la inmediatez, no la precisión. Los clips cortos sustituyen al contexto. Los titulares sustituyen a la investigación. Muchos creyentes sinceros comparten información no verificada, creyendo que están protegiendo a la iglesia. Sin embargo, las Escrituras advierten contra este enfoque: “Al que responde sin haber escuchado, la palabra le es fatuidad y vergüenza” (Prov. 18:13). El discernimiento no es silencio: es un discurso disciplinado guiado por la sabiduría.
Elena G. White abordó esta tensión con claridad: “Si bien es importante, por un lado, que se evite la indiferencia al tratar con el pecado, es igualmente importante, por otro lado, que se eviten los juicios duros y las sospechas infundadas”.[*] Esas palabras no justifican ninguna mala conducta. Protegen relaciones de confianza. Preservan la unidad. Protegen la misión de la erosión interna.
En todo el mundo, la iglesia ha madurado, ha crecido en discernimiento y ha asumido cada vez más su papel como heraldo fiel de la verdad. La misión avanza de forma más eficaz cuando la integridad guía nuestras acciones. El poder espiritual fluye cuando nuestras vidas, ministerios y servicio se basan en la verdad. Esto genera confianza en nuestras comunidades. La respuesta a la crisis, basada en la coordinación y la compasión, refleja el carácter de Cristo. Las Escrituras nos recuerdan que “la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía” (Sant. 3:17).
Por lo tanto, el llamado ante nosotros es claro. Antes de reaccionar, haz una pausa. Antes de compartir, verifica. Habla con la gente, no sobre la gente. Si se requiere acción, que esta refleje el Espíritu de Cristo, no la energía del momento. Es posible defender la verdad y aun así herir el cuerpo. Dios llama a su pueblo a algo mejor.
Arraigada en la Biblia y enfocada en la misión, la iglesia avanza no solo por su rapidez, sino por su sabiduría, gracia y fidelidad. Cuando los motivos correctos se unen a los métodos correctos, el testimonio de Cristo sigue siendo creíble, la sanación continúa y la misión avanza con fuerza y unidad.
[*] Elena G. White, Patriarcas y profetas (Mountain View, Calif.: Pacific Press Pub. Assn., 1954), p. 556.
Traducción de Marcos Paseggi