Lo que el reciente reconocimiento del escritor cristiano sobre su mala conducta me ayudó a recordar.

18 de enero de 2026 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Marcos Paseggi, Adventist Review

El 8 de enero, el mundo cristiano de Norteamérica y otros países quedó impactado cuando Christianity Today publicó una confesión del renombrado autor y predicador cristiano Philip Yancey. En él, Yancey, de 76 años, reconoció una aventura de ocho años con una mujer casada y anunció que se retiraba de la predicación y la enseñanza.

Entre miles de comentarios, reflexiones y múltiples opiniones sobre los detalles revelados y asumidos de toda la situación, tomé algunas notas. Aquí comparto ocho cosas que el calvario autoinfligido de Yancey me ayudó a recordar.

El consejo que nos dice: “Guarda tu corazón” sigue siendo tan relevante como siempre. Hay información contextual importante que nos falta en el relato de Yancey, y haríamos bien en evitar especulaciones innecesarias. Sin embargo, podemos determinar que su caída acaso comenzó mucho antes de que él emprendiera (y luego ocultara) su aventura, cuando dio rienda suelta a pensamientos alejados de Cristo. A partir de ahí, siempre es una pendiente resbaladiza, sin importar lo devotos o comprometidos que semejemos estar con Cristo con quienes nos rodean. Es la razón por la que, al aconsejar a su hijo, el rey Salomón le dijo: “Guarda tu corazón” (Prov. 4:23). O como dice la Palabra de Dios Para Todos: “Ante todo, cuida tus pensamientos porque ellos controlan tu vida”. [1]

El pecado tiene consecuencias en la vida real, pero el juicio definitivo le pertenece al Señor. Algunos foros en línea han gastado mucho espacio preguntándose si la confesión y el giro de Yancey son sinceros o solo una estrategia de marketing. La verdad es que hay detalles sobre su estado mental que solo los conocen Dios y la conciencia de Yancey. No es nuestro papel opinar sobre lo sincero que ha sido, ni averiguar sus pensamientos, sentimientos o actitudes tras la confesión. Lo mismo ocurre con la emotiva afirmación compartida por Janet, su esposa durante 55 años.

A menudo es saludable evaluar y desafiar nuestros puntos ciegos. A diferencia de las reacciones a escándalos cristianos anteriores (como por ejemplo el de Ravi Zacharias), no muchos se presentaron abiertamente a defender a Yancey. Aun así, los comentarios en línea mostraron algunas diferencias, por ejemplo, entre hombres y mujeres. Mientras que muchas mujeres denunciaron el engaño y el profundo sentimiento de traición de toda la situación, algunos hombres parecieron minimizar o casi justificar la conducta de Yancey. Probablemente esto diga más sobre esos hombres que sobre el mismo Yancey. ¿Y si la perpetradora pública hubiera sido una mujer? ¿Habrían extendido esos hombres la misma gracia a la pecadora? En última instancia, los comentarios sesgados muestran la naturaleza imperfecta y subjetiva de los juicios humanos.

El pecado siempre es pecado, pero algunos pecados parecen tener consecuencias más graves. Algunos pecados son más privados, pero otros parecen tener mayor alcance y visibilidad. En cierto sentido, podemos decir que el pecado privado de un miembro de iglesia ignoto no es igual que el error de ocho años de un orador, maestro y escritor leído y seguido por millones. El liderazgo hace que una persona sea más responsable de sus palabras y acciones, como nos recuerda la historia de Moisés al golpear la roca (véase Núm. 20:1-13).

El pecado afecta no solo al pecador sino también a quienes lo rodean. En el caso de una figura cristiana pública como Yancey, quizás sea difícil establecer cuántos han sido afectados negativamente por su comportamiento. Vienen a la mente su familia inmediata y extensa, sus lectores, sus seguidores e incluso personas que no sabían de él antes de que decidiera confesar. Para una figura pública y un líder, el pecado abierto tiene un efecto dominó con expansiones, derribando la confianza, las creencias y las suposiciones a su paso. Desde Adán y Eva en el Edén, es parte de la naturaleza propia del pecado.

Como creyentes, somos responsables de la imagen del carácter de Dios que mostramos a los incrédulos. Después de que el rey David pecara cortejando a Betsabé y matando a su marido Urías, el profeta Natán lo confrontó. Pero cuando David confesó, Natán le dijo: “Jehová ha perdonado tu pecado; no morirás” (2 Sam. 12:13). Pero entonces el profeta añadió que el rey sería castigado, “por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová” (vers. 14). Nuestros errores no solo dañan a quienes forman parte de la familia de la fe; hacen que los incrédulos desconfíen del carácter de Dios y se alejen de él. Y eso es algo que, al menos en el caso de David, mereció consecuencias desgarradoras.

Para evitar deslices, el comportamiento proactivo suele ser la mejor opción. La vida cristiana no consiste tanto en evitar lo que está mal como en centrarse en lo correcto. Para quienes están casados, cada día es una oportunidad de renovar el compromiso que hicieron ante Dios y buscar formas de crecer juntos y mantener viva la llama. En la escuela del matrimonio, de la que, usando palabras de Elena G. White, “no acabarán nunca sus estudios”, [2] “son estas pequeñas atenciones y cortesías lo que hacen la suma de la felicidad de la vida”.[3] La lealtad es sin duda un componente clave de esta dinámica conyugal.

La conexión es la clave. Conectados a Dios, cada uno de nosotros puede convertirse en una fuente de bendición infinita para quienes nos rodean y aún más allá. Al contrario, lejos de Dios, cada uno de nosotros puede causar un daño incalculable. Nuestra propensión natural a hacer lo que no queremos hacer (véase Rom. 7:19) puede causar un dolor profundo y tener consecuencias negativas duraderas para nosotros y para muchos que nos rodean. La clave, entonces, es mantener una conexión ininterrumpida con la Fuente de todo bien. Es tan simple y profundo como eso.

Yancey ciertamente necesita la gracia de la que tanto escribió. Todos nosotros también la necesitamos. La buena noticia es que la gracia divina que nos ofrece a todos es abundante y suficiente. Hoy es una nueva oportunidad de empezar de nuevo con la ayuda de un poder que nos trasciende. ¡Eso es lo que hace tan increíble su gracia!


[1] De Palabra de Dios para Todos, Copyright: © 2005, 2015 Bible League International.

[2] Elena G. White, Consejos para la iglesia (Miami, Florida: Asoc. Publ. Interamericana, 1991), p. 226.

[3] Elena G. White, En los lugares celestiales (Buenos Aires: Asoc. Casa Editora Sudamericana, 1968), p. 208.

Traducción de Marcos Paseggi