La primera de cuatro prioridades principales que darán forma a la misión de la División Interamericana durante los próximos cinco años.
29 de enero 2026 | Miami, Florida, Estados Unidos | Por Roberto Herrera, División Inter-Americana
No es una casualidad que la prioridad número uno, de las cuatro que dan forma al plan estratégico de la División Interamericana, se denomine “Comunión con Dios”. Se trata de algo intencionalmente significativo y que nos lleva a formular algunas preguntas: ¿Qué significado tiene esto para nuestra iglesia? ¿Qué implicaciones tiene el asumir la comunión con Dios como una prioridad? y una pregunta más que podemos formular es esta: ¿Cómo se relaciona esta prioridad estratégica con cada miembro de iglesia en particular?
Hablemos en primer lugar de lo que hay detrás de la idea. Comunión con Dios es un concepto que contiene significados variados pero en todos los casos, significados que son espirituales y que tienen que ver con nuestra identidad como cristianos adventistas. La idea primaria es la de guiar, motivar y acompañar a cada miembro de iglesia hacia una relación personal y profunda con Dios, que esté caracterizada por el amor, la fe, la obediencia y el servicio abnegado. Desde este punto de vista, comunión con Dios es la visualización de una iglesia en la que todos sus miembros reconocen a Dios como centro de su existencia y como el único a quien deben adorar y servir. Esto significa que la comunión con Dios es un asunto primariamente personal y de naturaleza espiritual.
Otro de los significados que tiene este concepto para la iglesia, tiene que ver con el hecho de que debido a que cada uno goza de comunión con Dios individualmente, esto mismo produce una interacción profunda y participativa con otros creyentes que también practican la comunión con Dios. En otras palabras, la comunión con Dios produce la comunión entre nosotros. Dicho de otra manera, Cristo no sólo es el centro de cada vida, sino que también es quien da significado y permanencia a la interacción entre todos los que forman parte de la iglesia.
Por eso decimos que la comunión con Dios es parte de la identidad adventista, porque no solo nos muestra como una comunidad de gente que ama y sirve a Dios, sino que también se aman entre si porque su fe en Dios es un pegamento que los une en forma perdurable.
En segundo lugar, si hablamos de lo que incluye la comunión con Dios, debemos decir que esta prioridad estratégica tiene implicaciones que impactan varios asuntos de la vida de la iglesia.
Uno de estos aspectos tiene que ver con la vida devocional de los creyentes y el ambiente espiritual en general de la iglesia. Cuando decimos que la comunión con Dios es lo número uno para nosotros, esto significa que la Palabra de Dios, la disciplina de la oración y la adoración pública y privada, son centrales y esenciales para nosotros. No se puede hablar de comunión con Dios y al mismo tiempo descuidar el estudio de la Biblia, o no mantener el altar de la oración encendido. No puede haber comunión con Dios cuando la iglesia falla en darle a Dios la adoración que él se merece. Y esto último nos permite ir al siguiente punto de esta reflexión.
La comunión con Dios tiene que lograr pasar de ser una prioridad estratégica para convertirse en una experiencia y practica de vida. Y en este sentido hay una relación directa entre el concepto de comunión con Dios y cada miembro de iglesia.
Lo que se espera de cada uno de nosotros, es que en primer lugar tomemos en serio nuestra relación personal con Dios. Estudiar la Biblia, ser constantes en la oración y asistir regularmente a las reuniones promovidas por la iglesia, deben verse como una responsabilidad y privilegio de cada sencillo miembro de la iglesia. La comunión con Dios es una asunto que nos compete a todos en la iglesia, porque nos beneficia y conviene a todos. Así que podemos decir sin exagerar, que la koinonía o comunión con Dios, debería ser sin dudas, el ambiente natural en que funcione la iglesia.
Tal vez un ejemplo de la importancia de darle a la comunión con Dios el primer lugar, lo encontramos en las palabras que el Señor Jesús dirigió a una mujer llamada Marta que lo recibió en su casa, según nos cuenta el evangelio de Lucas 10:38-42. La Biblia dice que Marta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Y Marta en cambio, se preocupaba con muchos quehaceres y, acercándose, dijo: Señor, ¿No te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile pues, que me ayude.
Y respondiendo Jesús, de dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria, y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
Desde el día en que Jesús les dijo esas palabras a Marta, no solo ella sino también todos nosotros fuimos iluminados con el entendimiento que nos dio Jesús acerca de la importancia que tiene el dedicar a Dios el primer lugar siempre. Lo que Jesús dijo es que hay muchas cosas, unas urgentes, otras importantes y otras simplemente preferidas por nosotros. Pero, solo hay una cosa que es necesaria cuando se trata de hacer algo, y eso es lo que hizo María, sentarse a los pies de Jesús y oír su palabra.
En los próximos 5 años soñamos con una iglesia en Interamérica que busque, ame, sirva y adore a Dios primero que todo lo demás. Trabajaremos por ese sueño en cada unión, cada campo local, cada congregación y con cada miembro de nuestra amada iglesia. El llamado se hace para todos nosotros, pero debe aceptarse individualmente.
Este es el momento en que puedes, con la ayuda de Dios, darle un giro a tu vida y poner en práctica el consejo divino: “Busca primeramente el reino de Dios y su justicia y todo lo demás te será añadido”. (Mateo 6:33)
Roberto Herrera es el director del departamento de mayordomía de la División Interamericana.