Investigadores de AdventHealth señalan que el movimiento podría ayudar a mantener la salud cerebral antes que los problemas de memoria se conviertan en un problema.
4 de febrero de 2026 | Altamonte Springs, Florida, Estados Unidos | Shelby Mulholland, AdventHealth News
Con frecuencia, la salud cerebral se tiene presente solamente hasta que algo comienza a ir mal, tal como lapsos de la memoria, dificultad para enfocar la atención o preocupaciones más tarde en la vida acerca de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, la creciente evidencia sugiere que la época más importante para mantener la salud cerebral podría ser años antes, cuando todo parece estar “bien”.
A diferencia de muchos estudios que fijan su atención en personas de edad adulta, después de que ha comenzado el deterioro, este estudio examina cómo los hábitos de ejercicio físico, antes de que aparezca cualquier síntoma, pueden ayudar a proteger a largo plazo la función cognitiva. El apoyo a la salud cerebral en esta etapa de la vida es parte de la atención prestada a la salud en general, reconociendo la conexión existente entre cuerpo, mente y espíritu.
Una nueva investigación dirigida por Kirk Erickson, director de neurociencia traslacional del Instituto de Investigación AdventHealth, muestra que el ejercicio aeróbico regular en adultos jóvenes y de mediana edad, se relaciona con cerebros que parecen considerablemente más jóvenes de lo que se esperaría a su edad. ¿Cómo puede lograrse lo anterior? A través de movimiento consistente y moderado dentro de las actividades de la vida diaria, no a través de rutinas extremas de ejercicio o costosos programas.
Por qué esta investigación es diferente
La mayoría de los estudios que ligan el ejercicio a la salud cerebral han enfocado su atención en adultos de mayor edad, muy frecuentemente cuando ya ha comenzado el deterioro cognitivo. Esta investigación tuvo un enfoque diferente. “Existía una brecha en la ciencia en lo que respecta a la mediana edad”, explica el investigador Erickson. “Durante mucho tiempo ha habido escepticismo acerca de si el ejercicio puede beneficiar al cerebro cuando la función cognitiva está ya cerca de su punto máximo”.
Este estudio desafió ese supuesto. Al estudiar a personas adultas en una gama más amplia, no solamente a personas de edad avanzada, los investigadores demostraron que el ejercicio no solamente ralentiza el deterioro más tarde en la vida; podría de hecho fortalecer el cerebro mucho antes, cuando está todavía funcionando bien. Eso es importante, porque los cambios ocurridos en el cerebro ligados a condiciones tales como el caso de la enfermedad de Alzheimer comienzan con frecuencia años y hasta décadas antes de que aparezcan los síntomas. “Entre más temprano podamos influenciar positivamente el curso de la salud cerebral”, explica el investigador Erickson, “cuánto mejor probablemente podremos estar a largo plazo”.
¿Qué significa de hecho “cerebro más joven”?
Los investigadores utilizan herramientas avanzadas de escaneo para calcular la edad del cerebro, una medida de cuán viejo estructuralmente aparece el cerebro comparado con el de personas de esa edad cronológica. Algunas personas tienen un cerebro que se ve de más edad que la esperada; generalmente ligado a factores tales como inactividad, estrés crónico, o sueño deficiente. Otras tienen un cerebro que parece más joven, lo cual está asociado con una mejor salud total del cerebro.
En este estudio, los participantes no solamente tenían cerebros que parecías más jóvenes. Eran parte de una intervención aleatoria con ejercicio, lo cual significa que los investigadores podían observar directamente cómo el incremento de actividad física influenciaba el envejecimiento del cerebro a través del tiempo. “Eso fue lo que hizo que fueran tan impactantes los resultados”, dijo el investigador. “No estábamos simplemente observando un patrón —estábamos siendo capaces de demostrar que el ejercicio en sí mismo desempeñaba su papel”.
¿Cuánto ejercicio hace la diferencia?
Los resultados no estaban relacionados con rutinas extremas de ejercicio o niveles de aptitud física de élite. Los beneficios estaban ligados a aproximadamente 150 minutos de ejercicios aeróbicos de intensidad moderada por semana, en consonancia con recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y las Pautas de Actividad Física del Departamento de Salud y Servicios Humanos, lo que puede incluir caminata rápida, trotar o correr, natación, ciclismo o jugar deportes tales como tenis, pickleball, o baloncesto.
“Una forma sencilla de medir la intensidad de tu ejercicio es prestar atención a tu respiración”, dijo el investigador Erickson. “Si te estás ejercitando lo suficientemente fuerte de manera que no puedas cómodamente entonar una canción entre tanto, lo más probable es que te encuentres justamente en el rango ideal”.
Y añadió que una vez que la persona sabe medir su esfuerzo, el siguiente paso es simplemente moverse más, porque hasta los cambios más modestos pueden tener gran impacto. “Y aunque más movimiento pueda ofrecer beneficios adicionales”, dijo, “las personas que están menos activas al comenzar, experimentan los logros más grandes cuando empiezan a moverse más”.
Por qué el movimiento cambia el cerebro
El cerebro es notablemente adaptable, una cualidad conocida como plasticidad; y el ejercicio parece apoyar esta adaptabilidad a través de varias rutas interconectadas. La actividad física regular mejora el flujo sanguíneo, ayudando a transportar al cerebro oxígeno y nutrientes, a la vez que apoya la eliminación de productos de deshecho. Ayuda a regular la inflamación del organismo, ayuda a la comunicación saludable entre las células del cerebro y fomenta la liberación de sustancias químicas que desempeñan un papel en el crecimiento y la función neural.
Todos estos cambios ayudan juntos a crear un ambiente en el cual el cerebro puede permanecer resiliente al paso del tiempo. “Cuando mueves el cuerpo, no solamente estás fortaleciendo tus músculos o tu corazón”, dijo el investigador Erickson. “Estás apoyando a tu cerebro en un nivel celular”.
En qué forma la salud cerebral encaja en la vida diaria
Aunque este estudio dirige su enfoque a la estructura celular en vez de al funcionamiento diario, la salud cerebral es reconocida ampliamente como una parte fundamental de la salud integral de la persona. El cerebro desempeña una función en la forma como la persona piensa, regula sus emociones, toma decisiones y maneja las demandas de la vida diaria.
“Cuando hablamos de salud cerebral, no nos estamos refiriendo solamente a enfermedad”, dijo el investigador. “Estamos hablando acerca de los sistemas en el organismo que le permiten a la persona funcionar, conectarse con otros y navegar su vida diaria”.
No es demasiado tarde —y no es demasiado temprano
Una de las lecciones más importantes aprendidas a través de esta investigación es que el cerebro permanece capaz de cambiar. Aun un aumento modesto en la actividad física puede ayudar a mejorar la salud cerebral a lo largo del tiempo, independientemente de cuál haya sido el punto de comienzo. “Muchas personas piensan que el daño ya está hecho”, dijo el investigador. “Pero el cerebro se mantiene receptivo. Hay cambios positivos que podemos hacer en casi cada etapa de nuestra vida”.
La versión original de esta noticia fue publicada por AdventHealth en su sitio de noticias.
Traducción – Gloria A. Castrejón