Dios nos creó para conectarnos con él y con los demás. ¿Y si lo estamos haciendo mal?

9 de septiembre de 2026 | Australia | Edyta Jankiewicz, Adventist Record y Adventist Review

Dios nos creó para el amor y la conexión—con él y entre nosotros. Aunque el pecado resultó en separación de Dios y alienación mutua, nuestra necesidad de amor y conexión sigue siendo una necesidad humana fundamental. Sin embargo, debido al pecado, tendemos a buscar ese amor y conexión en lugares que no nos dan la vida. Esto es más cierto aún en el uso que hacemos de las tecnologías sociales.

Cuando se utilizan para mejorar relaciones existentes y forjar nuevas amistades, las tecnologías tales como las redes sociales y los juegos en línea pueden ser herramientas útiles para facilitar el apoyo social y un sentido de pertenencia. Sin embargo, los científicos sociales informan cada vez más que las tecnologías sociales nos están haciendo sentir más solos y desconectados, quitando en lugar de contribuir a nuestro sentido de amor y pertenencia.

Un ciclo de retroalimentación negativa

Hay varias razones para ello. Primero, las tecnologías sociales pueden desplazar el tiempo que pasamos en interacciones sociales presenciales y fuera de línea. Desafortunadamente, eso puede convertirse en un círculo negativo que se refuerza a sí mismo. Cuanto menos tiempo pasamos en interacciones cara a cara, menos desarrollamos habilidades sociales y tolerancia a la incomodidad y la torpeza de esas interacciones. A medida que nos sentimos cada vez más incómodos con las interacciones sociales, nos retiramos cada vez más del dolor social de la interacción y, en su lugar, intentamos satisfacer nuestra necesidad de amor y conexión por medio de las tecnologías sociales. Esto se hace evidente en especial en el aumento de personas que reportan apegos románticos o de otro tipo con sus compañeros de inteligencia artificial.

Otra razón por la que el uso de tecnologías sociales puede hacernos sentir menos en lugar de más conectados es la complicada relación entre el uso de la tecnología y la dopamina. Desde la década de 1950, la dopamina se conoce como la hormona del placer. Sin embargo, investigaciones en décadas más recientes han revelado que la dopamina no es una hormona del placer en absoluto; no genera sensaciones de felicidad. Más bien, la dopamina es una hormona del deseo que se libera durante actividades placenteras. En otras palabras, la dopamina crea un círculo de recompensa que nos motiva a salir y conseguir lo que necesitamos para sobrevivir, no solo una vez, sino en forma repetida.

En el pasado, nuestros sistemas de dopamina se activaban durante actividades tales como comer e interactuar socialmente. Sin embargo, en nuestro mundo moderno, el sistema de dopamina se activa cuando usamos tecnologías sociales, haciendo que las deseemos más. Esto es especialmente cierto tanto en las redes sociales como en los juegos en línea, que comienzan siendo placenteros, pero suelen hacernos sentir peor en lugar de mejor. Muchos de nosotros, en especial los adolescentes y los jóvenes adultos que crecimos en línea y somos grandes usuarios de estas tecnologías, queremos dejar de consumir o reducir el uso, por lo que bloqueamos o eliminamos nuestras cuentas, a menudo con un éxito limitado. Estas son señales de querer algo que ya no nos da placer.

¿Cómo podemos reducir nuestra dependencia de las tecnologías sociales y crear más espacios para una conexión social real?

Implementación de pequeños cambios

En primer lugar, comience implementando cambios muy pequeños. Esto parece fácil y permite que el cerebro y el cuerpo se adapten más lentamente. Y los pequeños cambios tienen más probabilidades de resultar en un cambio de hábitos más permanente. En última instancia, los cambios pequeños pueden crear el impulso necesario para realizar cambios mayores.

Un pequeño cambio con el que se puede empezar es tratar de no usar el teléfono celular apenas nos despertamos. Mirar el celular a primera hora de la mañana no solo refuerza el hábito de usar la pantalla constantemente, fomentando así la adicción a la dopamina, sino que también desencadena estrés y aumenta la ansiedad al forzar al cerebro a un estado reactivo y distraído en lugar de permitir que pase tranquilamente del sueño a la alerta.

Otros pequeños cambios que puedes tratar de implementar son tomar la decisión de tener una comida al día sin dispositivos; elegir una hora cada día para que sea un tiempo completamente libre de dispositivos; designar viajes cortos en coche como momentos sin dispositivos; retirar los dispositivos de los dormitorios; establecer un espacio común en el hogar que esté libre de dispositivos; y experimentar con una sola tarde por semana sin pantallas.

Creación de más espacios para conexiones reales

Una segunda estrategia importante para reducir la dependencia de la tecnología social y crear más espacio para una conexión social real es sustituir el tiempo de pantalla por actividades que sean agradables y que al mismo tiempo faciliten el amor y la conexión.

En lugar de tomar el celular, planifica la conexión en los primeros 10-20 minutos de tu día. Despierta despacio y da gracias a Dios por las cosas buenas de tu vida. Disfruta de una bebida favorita mientras lees las Escrituras y hablas un poco más con Dios. Si compartes casa con tu familia, amigos o una mascota, conéctate por medio de abrazos, mimos y conversaciones tranquilas. Esa rutina te permitirá comenzar el día con un cerebro menos reactivo y sentirte amado y conectado.

Si decides aspirar a una comida diaria sin ningún tipo de dispositivo, puede que necesites planificar cómo llenar ese tiempo de amor y conexión. Por ejemplo, si vives solo, puede que quieras hacer planes de compartir una comida sin dispositivo con un amigo. Si compartes casa con amigos o familiares, las tarjetas de inicio de conversación pueden facilitar el disfrute y la conexión, aumentando así la participación de los demás.

En busca de tiempo libre de dispositivos

Un viaje corto en carro sin tecnologías digitales puede ser un excelente momento para la conexión, ya que muchas personas, especialmente chicos y hombres, encuentran más fácil hablar de forma más abierta y vulnerable cuando se conectan lado a lado en lugar de cara a cara. Además, los niños que crecen en familias que mantienen conversaciones habituales que conectan la vida diaria con la fe tienen más probabilidades de adoptar los valores de su familia, y los viajes cortos en automóvil pueden ofrecer oportunidades naturales para esa conexión, ya sea cantando un cántico de adoración, compartiendo una conversación reflexiva u orando juntos.

Si decides pasar una hora por día sin dispositivos, haz planes de cómo vas a llenar esa hora de forma que facilite la conexión. Un paseo nocturno, un paseo con la familia en bicicleta, cocinar o participar de un juego de mesa juntos requieren intencionalidad. Sin embargo, si planificas en una hora del día en la que el tiempo y la energía mental sean más altos, será menos probable que te quedes en las pantallas al final del día.

Si decides pasar una noche sin pantallas en un espacio comunitario de tu casa, quizá quieras equipar ese espacio con actividades sin pantallas como materiales de arte o manualidades, libros y rompecabezas. Leer en voz alta o escuchar un audiolibro juntos mientras se trabaja en una actividad, ya sea individualmente o en forma conjunta, crea una fuerte sensación de conexión y pertenencia. Y si la adoración familiar no es un hábito en tu casa, encender una vela, escuchar música de adoración o un audiolibro basado en la fe, y luego participar juntos de la oración, puede ser una forma preciosa de conectarse entre nosotros y con Dios.

Crecimiento hacia el amor y la pertenencia

Las tecnologías sociales nunca pueden cubrir la necesidad de amor y conexión para la que Dios te creó. Solo conectarse abiertamente y de forma vulnerable con él y con los demás puede cubrir esa necesidad. Aprender a hacer esto puede requerir que pongas límites en el uso de la tecnología social y que practiques la conversación cara a cara y la conexión, incluso cuando te resulte incómodo. Pero con la práctica, podrás desarrollar tus habilidades de interacción social y crecer hasta alcanzar el sentido de amor y pertenencia para el que fuiste creado. Pruébalo. Puede que te guste.

La versión original de este comentario fue publicada en Adventist Record.

Traducción de Marcos Paseggi