15 de septiembre de 2026 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Por Paulo Lopes, presidente de ADRA InternacionalHay una palabra que usamos con frecuencia en nuestra labor en ADRA: esperanza.

Hablamos de llevar esperanza a las comunidades, de restaurar la esperanza después de un desastre y de ayudar a las personas a imaginar un futuro mejor. Pero, a través de los años, he aprendido algo muy importante: La esperanza no es solamente algo de lo que podemos hablar: la esperanza es algo que hacemos.

Una comida saludable puede ser esperanza. Una animada aula de clase puede ser esperanza. Un vecino que viene a apoyar a otro vecino puede ser esperanza. La esperanza se hace visible cuando la compasión se vuelve práctica.

El 5 de septiembre, la Iglesia Adventista del Séptimo Día lanzó OneVoice27, un movimiento misionero mundial que habrá de señalar el 2000º aniversario del bautismo de Jesés en  2027. Esta es una oportunidad para que nuestra familia mundial de la iglesia medite en el ejemplo de Jesús y considere la forma en que podamos llevar a cabo su misión en nuestra propia comunidad.

Para ADRA, este es el lugar natural en el que debemos estar. Esto es lo que hacemos todos los días.

En todo el mundo, el personal de ADRA, sus voluntarios y socios colaboradores, prestan sus servicios a comunidades que experimentan pobreza, crisis y vulnerabilidad. Responden en tiempos de desastre. Trabajan a la par de las comunidades en la tarea de reconstrucción. Escuchan, forman relaciones y, una y otra vez, dirigen la sencilla pregunta: ¿Qué podemos hacer?

Es en esa pregunta en donde empieza la compasión. La acción es lo que viene después.

Como familia global de la iglesia tenemos la oportunidad de hablar acerca de la esperanza que tenemos en Jesús —no solamente con nuestras palabras, sino también a través de la forma en que vivimos y servimos. Y ese servicio no va a ser el mismo en todas partes, Cada comunidad es diferente; y la gente que vive en ese lugar frecuentemente entiende su propia necesidad mejor que cualquier otra persona.

Así que estamos animando a las personas a mirar a su alrededor, a escuchar atentamente y a encontrar formas significativas en que pueden prestar sus servicios.

Ve la necesidad. Muestra compasión. Toma acción. Lleva esperanza.

Una expresión de lo anterior puede ser el Día Global de la Compasión, que reunirá a personas de todo el mundo en un día de servicio compartido. Una comunidad puede organizar una comida para familias que enfrentan dificultades. Otra puede visitar personas que están aisladas o no están bien. Alguna otra más puede ayudar a reparar una casa o simplemente puede visitar a una persona que necesita saber que no ha sido olvidada.

Actos diferentes. Mismo corazón.

Estamos también creando oportunidades que reflejan más profundamente lo que significa servir. Nuestro nuevo libro devocional, Serving Like Jesus: Love in Action (Sirviendo como Jesús: Amor en acción), presenta historias de empleados de ADRA y de otros en torno a la familia ADRA, que exploran el tema de la compasión, la fe y el servicio. Lo hacen no solamente como conceptos, sino como experiencias que pueden moldear la forma en que vivimos cada día.

Y a través de enfoques de compasión, compartiremos historias de comunidades en todo el mundo que muestran cómo se ve realmente la compasión en acción: relaciones reales, servicio real e impacto real.

Pero, ultimadamente, no se trata de lo que hace ADRA. Es más bien acerca de las personas que eligen servir.

He conocido a muchas de ellas en todo el mundo: Personal de ADRA, voluntarios, miembros de iglesia y dirigentes de comunidades. Algunos prestan sus servicios profesionalmente. Algunos  sirven por un día. Otros lo han estado haciendo por décadas. Pero todos ellos tienen algo en común. Han dicho sí.

Sí, voy a hacerlo por una hora. Sí, voy a ayudar. Sí, voy a prestar atención. Sí, voy a compartir lo que tengo.

Algunas veces, un pequeño sí se convierte en algo mucho más grande. Una persona sirve. Otra persona lo ve. Una iglesia se involucra. Una comunidad empieza a trabajar en conjunto. De pronto, un acto de compasión se convierte en un movimiento.

Nuestra fe nos enseña que cada persona posee dignidad porque cada persona ha sido creada y es amada por Dios. Cuando servimos a alguien, no estamos simplemente siendo parte de un proyecto. Estamos reconociendo a un prójimo. Estamos eligiendo preocuparnos por otros, Estamos poniendo en acción nuestra fe.

Y nuestra compasión no es condicional. ADRA presta sus servicios de acuerdo con la necesidad, independientemente de la filiación religiosa. Ninguna persona tiene que compartir nuestra fe o pertenecer a nuestra iglesia para recibir asistencia. Eso también es lo que significa vivir la esperanza que proclamamos.

El mundo nos proporciona muchas razones para perder la esperanza. Pero, cada día, vemos también personas que eligen algo diferente: vecinos que ayudan vecinos, voluntarios que donan su  tiempo, iglesias que abren sus puertas y comunidades que reconstruyen.

Ahí es donde pienso que empieza la esperanza.

No en alguna parte lejana.

Aquí.

Con la decisión de percibir. La decisión de preocuparse por ello. Y la decisión de actuar.

Traducción – Gloria A. Castrejón