30 de diciembre de 2025 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Alejandra López, directora del Programa ERT

El huracán Melissa azotó Jamaica el 28 de octubre de 2025, como una poderosa tormenta categoría 5, con vientos sostenidos de casi 300 kilómetros por hora, convirtiéndose en el huracán más fuerte en la historia de esta nación. Este huracán causó amplia devastación en varios distritos, particularmente en el sureste de la isla, en donde casas, escuelas e infraestructuras recibieron daños severos. Los informes oficiales han confirmado 45 defunciones, mientras que otras personas continúan en la lista de paradero desconocido y muchas más fueron desplazadas a refugios de emergencia, ya que los cortes de corriente eléctrica y las inundaciones agravaron la crisis. A pesar de la destrucción el espíritu resiliente de enfoque en la comunidad muestra esperanza ante el desastre.

Rápido despliegue y coordinación inicial

Cuando fui enviada a Jamaica como parte del Equipo de Repuesta a Emergencias apenas 72 horas después de que el huracán Melissa devastara la isla, el ritmo de nuestros días rápidamente se convirtió en una mezcla de planificación, de prestar oído y de acción. Después de dos viajes en avión y nueve horas de viaje, arribé al cálido y húmedo Kingston y fui recibida cálidamente por los colegas ART de ADRA Jamaica que estaban ya trabajando en esfuerzos de repuesta. Nuestros días consistían en sesiones de planificación y preparación durante las cuales trazábamos las agendas para el día siguiente y refinábamos nuestro plan de implementación para la primera ola de distribución de paquetes de alimentos y la segunda ola de distribución de tanques de agua y kits de higiene.

[Crédito de imagen: Migue Roth]

Evaluaciones de comunidades y trabajo de campo

De ahí en adelante, gran parte de nuestro tiempo se dedicaba a labor en el campo de acción. Visitábamos comunidades afectadas, evaluando los daños y escuchando a hombres y mujeres relatar cómo había sido ese día cuando azotó el huracán y cuáles eran sus necesidades inmediatas, asegurándonos de que nuestras respuestas estuvieran alineadas con esas necesidades. Trabajamos juntos como equipo para identificar lugares de distribución que fueran seguros y adecuados, llevar a cabo evaluaciones de las necesidades y proveer a las familias vales o cupones para el día de la distribución. Otra tarea clave fue la preparación de presentaciones y del contenido del entrenamiento de voluntarios, asegurándonos que entendieran bien los principios humanitarios a fin de poder llevar a cabo la distribución con dignidad y seguridad.

Operaciones de distribución

Los días dedicados a la distribución fueron algunos de los más impactantes. Me tocó supervisar la carga y descarga de camiones, coordinar voluntaries asignándoles tareas a desempeñar y responsabilidades para cada etapa del proceso de distribución, desde la verificación de los beneficiarios y su registro, hasta la entrega de los kits, asegurándonos que se cumpliera con las normas de seguridad y calidad. Respondimos las preguntas de los beneficiarios a la vez que escuchamos las historias acerca de cómo el huracán Melissa había afectado a su familia y les ofrecimos palabras de esperanza y compasión en esos momentos.

[Crédito de imagen: Migue Roth]

Coordinación con socios y proveedores

Además de la respuesta directa, participamos en reuniones sectoriales y de grupos ONG y gubernamentales a fin de asegurar una apropiada coordinación entre ADRA y otras agencias. La comunicación con vendedores y proveedores era constante, incluyendo la verificación de disponibilidad de productos, la confirmación de las fechas de entrega y la resolución de problemas de retrasos a fin de que la respuesta pudiera mantenerse según lo planificado.

Equilibrio entre logística y conexión humana

Día tras día, el trabajo era riguroso, pero profundamente encaminado hacia un propósito, manteniendo el equilibrio entre logística y planificación, con la conexión humana, asegurándonos que la descarga de cada camión, cada kit distribuido y cada reunión a la que asistíamos, contribuyera a una respuesta que fuera a la vez eficiente y compasiva.

[Crédito de imagen: Migue Roth]

Testigos del impacto en las comunidades

Al caminar a través de las comunidades afectadas por el paso del huracán Melissa, la escala de destrucción era más que evidente. Muchas viviendas y negocios yacían entre los escombros y, a donde quiera que volviésemos la mirada, los techos estaba parcialmente destrozados o habían desaparecido completamente, con algunas familias usando temporariamente como protección improvisada, lona de color azul brillante extendida sobre los marcos. Los caminos y campos estaban cubiertos de escombros, mientras que los árboles estaban desenraizados o secos debido a las lluvias de agua salada, Sin embargo, bajo aquel sol candente nos recibían con rostros sonrientes. Los miembros de la comunidad nos saludaban con gratitud y se ayudaban unos a otros a reconstruir paredes y a remendar techos, mostrando resiliencia en medio de la pérdida. Los tanques de agua dañados aparecían regados por doquier, algunos de ellos muy lejos de los hogares a los que habían servido; sin embargo, las reses, cabras y gallinas se habían recuperado y pastaban en los campos ahora yermos, ofreciendo una pequeña señal de continuidad.

Resiliencia y determinación

Lo que más se destacaba era el espíritu de las personas. Los miembros de la comunidad se apoyaban unos a otros, compartían lo que tenían y se conducían con fortaleza y esperanza en un mejor mañana. Aun en medio de la devastación, se observaba una quieta determinación y la creencia colectiva de que era posible la recuperación y que juntos iban a reconstruir no solamente sus casas, sino también sus vidas.

[Crédito de imagen: Migue Roth]

Socios, voluntaries y las personas a las que servimos>

Durante mi estancia en Jamaica después del paso del huracán Melissa, las personas con las que hablamos y con las que trabajamos conjuntamente moldearon cada parte de la respuesta. Los días comenzaban con el equipo de ADRA Jamaica y con mis colegas miembros del Equipo de Respuesta a Emergencias al planificar juntos las estrategias y compartir las responsabilidades para mantener funcionando las operaciones. En el campo de acción directa, nos reunimos con líderes de la comunidad y la iglesia que servían como pilares en sus sectores comunitarios, guiándonos hacia las familias más vulnerables y ayudando a obtener apoyo local. Las autoridades locales fueron también socios clave, asegurándose de que las actividades se alinearan con la orientación oficial y que la ayuda se distribuyera en forma segura a aquellas personas que la necesitaban más.

Fue de inspiración para mí la labor de los jóvenes adventistas voluntarios, llenos de energía, compasión y ansiosos por servir, los cuales trajeron consigo fortaleza y esperanza a los días dedicados a la distribución. Lo más impactante para mí fueron los beneficiarios mismos, las familias que habían perdido sus viviendas y medios de sobrevivencia; pero que todavía nos saludaban con gratitud, nos contaban sus historias de supervivencia y demostraban resiliencia frente a la devastación. El hablar con ellos nos recordaba que nuestra labor no era solamente asunto de logística y suministros, sino de prestar un oído atento, brindar solidaridad y ayudar a las comunidades a recobrar la esperanza.

Traducción – Gloria A. Castrejón