Experto en misión adventista explica dónde están esas personas y qué pueden hacer los misioneros al respecto.
10 de junio de 2026 | Puerto España, Trinidad y Tobago | Marcos Paseggi, para la División Interamericana y Adventist Review
Cuando nos referimos a personas seculares y su mentalidad, Bledi Leno sabe de lo que habla. “Crecí en Albania, el único país del mundo que instituyó el ateísmo como estado oficial de la nación”, contó. Leno, que ahora dirige el Centro de Misión Secular y Postcristiana (CSPM) de Misión Adventista en la Asociación General, coordinó una discusión sobre cómo entender la cosmovisión postcristiana, durante la Cumbre de Establecimiento de Iglesias Interculturales y Misión en Puerto España, Trinidad y Tobago, el 29 de mayo.
Durante su presentación, Leno compartió su historia de vida desde ser ateo hasta adventista del séptimo día, explicó el cambio hacia una cosmovisión postcristiana e informó cuán esencial es que quienes quieren alcanzarlas aprendan primero los desafíos y carencias de la labor misionera tradicional.

Bledi Leno, director del Centro de Misión Secular y Postcristiana de Misión Adventista de la Asociación General, coordinó hace poco una discusión sobre cómo entender la cosmovisión poscristiana en Puerto España, Trinidad y Tobago. [Fotografía: Curtis Henry/DIA]
“Cuando era niño en Albania, si alguien me hubiera preguntado qué era una iglesia, una mezquita o una sinagoga, habría dicho que eran lugares arqueológicos”, contó Leno, explicando el profundo impacto de generaciones que crecieron en un entorno ateo. “Incluso los edificios de culto más nuevos se habían reutilizado para convertirse en cines o centros culturales”.
Para entender cómo llegó Albania a ese punto, Leno compartió que el adoctrinamiento comenzó con la generación de sus abuelos. “Se prohibía celebrar la Navidad, la Pascua o el Ramadán”, contó. “No podías leer la Biblia ni el Corán sin sufrir consecuencias”.
Para la segunda generación (la de los padres de Leno), la religión había perdido importancia, contó. “Había miedo de que si [elegías creer], serías perseguido y encarcelado, hasta un punto en el que apenas saldrías con vida”. Triste es decirlo, muchos pioneros adventistas fueron perseguidos y asesinados.
Así fue que, cuando Leno creció, “la religión no estaba presente y Dios no era un tema de conversación”.
El papel del establecimiento de iglesias
Leno dijo que el establecimiento de iglesias le resulta muy querido, porque la forma en que llegó a conocer a Dios fue “gracias a misioneros que dejaron todo atrás y fueron a establecer iglesias y predicar el evangelio en un lugar donde nadie lo había escuchado jamás”, contó. “Significó empezar desde cero, no solo a enseñar la Palabra, sino a predicar con sus vidas”.
Al mismo tiempo, esos misioneros no podían predicar diciendo: “Esto es lo que dice la Biblia”, explicó Leno, “porque yo ni sabía qué era la Biblia y no me importaba”.
En ese contexto, la forma en que lo hicieron esos primeros misioneros, contó Leno, fue “por medio: compartieron la vida y ganaron mi confianza”. Esa confianza despertó mi curiosidad: “¿Por qué hacen esto? ¿Por qué están aquí? ¿Qué quieren de mí?”, se preguntaba.

Los asistentes siguen la presentación de Bledi Leno sobre cómo comprender mejor a las personas seculares, durante la Cumbre de Establecimiento de Iglesias Interculturales y Misión en Puerto España, Trinidad y Tobago, el 29 de mayo. [Fotografía: Curtis Henry/DIA]
Años después, Leno aplicó ese método al ministrar en un centro de alcance comunitario en la ciudad de Nueva York. Explicó que, en las grandes ciudades del mundo, “quienes lo tienen todo conviven con los que no tienen hogar, los que no tienen nada… Y se nos ordena acercarnos a ellos”.
Leno compartió la experiencia de una mujer que llegó a una iglesia en Bryant Park, Manhattan. Nos dijo en seguida que no creía en la Biblia “ni en nada”, así que él y su compañero pastor se apartaron de inmediato. “Simplemente nos quedamos en silencio”, recordó Leno, “porque ministrar a personas seculares a veces implica sentarse y escuchar el silencio… porque a veces, el silencio lo dice todo”.
El espíritu de la época
Según Leno, los nuevos enfoques misioneros hacia las personas seculares reconocen que se está produciendo un gran cambio cultural, que también afecta a quienes creen. “Nos afecta a todos”, explicó. “Los que viven en las ciudades ya no hablan. Simplemente están allí, en silencio, mirando sus móviles”.
Para colmo, ha habido un cambio de mentalidad, recordó Leno a los asistentes. “En tiempos antiguos, la autoridad provenía de la verdad de la revelación divina. Esa revelación proporcionaba nuestros valores y ética”.
Sin embargo, en un entorno secular, el centro de la realidad ha cambiado. “Donde antes la fe ponía a Dios en el centro del significado y la moralidad, el pensamiento secular sitúa al yo autónomo”, explicó Leno. “La elección personal se vuelve sagrada, y la autenticidad reemplaza la trascendencia… La persona humana es ahora la medida final de la verdad, el propósito y la bondad”.

“Cuando entendemos la visión del mundo que tienen las personas laicas, nos preparamos para conectarnos y comenzar a tender puentes”, dijo Bledi Leno durante una reciente presentación en la Cumbre de Establecimiento de Iglesias Interculturales y Misión en Trinidad y Tobago. [Fotografía: Curtis Henry/DIA]
En ese contexto, explicó Leno, la creencia se convierte en “solo una opción entre muchas” a medida que se rechaza la autoridad teológica original. “Las culturas postcristianas conservan el fruto pero rechazan la raíz”, ilustró. “Las sociedades moldeadas por valores morales cristianos ya no viven bajo su autoridad”, contó Leno. “Hablan muy bien de compasión, justicia y dignidad, pero estas ideas están ahora desvinculadas de sus raíces teológicas originales”.
Un panorama tan secular resalta otros valores, incluyendo el individualismo –el yo como máxima autoridad moral–, el naturalismo –solo lo físico es real– y el racionalismo –la ciencia y la razón como los únicos caminos fiables–, explicó Leno. “La gente puede decirte: ‘Eso tiene sentido para ti, pero para mí no’”, ilustró. “Así que el propósito viene de encontrarlo dentro de mí”.
La paradoja de la autonomía absoluta
A eso se suma una desconfianza creciente hacia las instituciones y un enfoque en el consumismo y el pragmatismo: lo que funciona está por encima de lo que es verdadero o bueno, dijo.
Leno explicó que tal estado conduce a lo que se ha llamado “la paradoja de la autonomía absoluta”, que él definió como “una cultura que valora profundamente la libertad”, pero que, paradójicamente, “a menudo genera una corriente subterránea ineludible de soledad, fragmentación y vacío”. Es una situación que genera una frustración creciente, ya que la gente se dice a sí misma: “Tiene que haber algo más que esto”, dijo Leno. “Y sabemos qué es eso. Así que, cuando entendemos su visión del mundo, nos preparamos para conectar y empezar a tender puentes para llegar a ellos”.
Traducción de Marcos Paseggi