Muchos se preguntan si Jesús realmente va a regresar un día como lo prometió. El mundo de las apuestas piensa que tiene la respuesta.

7 de junio de 2026 | Brasil | Fábio Bergamo, División Sudamericana y Adventist Review

“Las probabilidades han subido”.

En el mundo de las apuestas, la “cuota” es la cifra que expresa la probabilidad de que se produzca un evento en particular. Entre más alta sea la cuota, menor será la probabilidad prevista. Entre más personas apuesten en la misma dirección, más varía el número. La cuota entonces viene a representar el deseo colectivo de una multitud de personas transformado en una cifra: la probabilidad de que acontezca.

“¿Regresará Jesús este año?”, preguntaba un anuncio reciente en Polymarket, una de las más grandes plataformas globales para mercados predictivos. Según las apuestas de los usuarios, las probabilidades se situaban en solo un 4 por ciento. Para esa compañía, la segunda venida de Cristo se había convertido en una oportunidad más para apostar —con  compraventa y un gráfico de seguimiento de las variaciones.

Me impactó grandemente ese cuadro por lo que dice acerca del mercado; pero también por lo que dice acerca de nosotros.

Apostando por todo

El fenómeno de las apuestas no es nuevo; pero su alcance actual no tiene precedente. De acuerdo con Statista, una compañía mundial de datos al servicio del usuario, se espera que sobrepase los 88 billones de dólares estadounidenses en 2026 y esa cifre llegue a doblarse antes de 2030.[1] Contra esas cifras, las consecuencias sociales de apostar se observan por doquier; caída de los ingresos familiares, una deuda descomunal y el aumento de las adicciones

Sin embargo, lo que muestra Polymarket es un paso más sofisticado del fenómeno. Las apuestas no se han restringido ahora a los deportes o las elecciones, desastres naturales, decisiones de tribunales y decesos de figuras públicas. Todo se ha convertido ahora en un mercado predictivo. Todo tiene que ver con probabilidades. La incertidumbre, que históricamente era el hábitat de la fe y la esperanza, termina siendo colonizada por la lógica financiera. Se ha convertido en un producto.

Apostar por la Segunda Venida

Cuando la creencia de la Segunda Venida de Jesús, basada en la Biblia, se convierte en una cosa por la cual apostar, el asunto trasciende el espacio de la teología y se vuelve antropológico. Repasemos las cifras, porque el dato más revelador del anuncio no es precisamente el del 4 por ciento, sino el del 96 por ciento de los participantes, que están tan seguros de que Jesús no va a regresar, que han apostado su dinero en ello. El mundo secular no solamente vive en incredulidad, apuesta también a la ausencia de Jesús. Las personas están apostando, esperando que no se cumpla la promesa.

El apóstol Pedro describió este espíritu hace ya muchos siglos. “En los últimos días vendrá gente burlona”, escribió. “Y dirá: ‘¿Qué hubo de esa promesa de su venida?’”  (2 Pedro 3:3, 4). La diferencia es que, en los tiempos de Pedro, los burladores hablaron. Hoy apuestan.

¿Qué acerca de nosotros?

Los mercados predictivos obran añadiendo expectativas. Las cuotas miden no una probabilidad objetiva, sino más bien el deseo colectivo de los participantes expresado en dinero real. Esto es en esencia el termómetro que mide cuánto las personas creen y desean que ocurra algo.

Con esto en mente, ¿qué probabilidades tendría el deseo del cristianismo de que Jesús regresara? ¿Qué probabilidades habría de que los cristianos realmente deseen el regreso de Cristo? ¿Qué probabilidades habría de que la Segunda Venida influyera en nuestras decisiones y reordenara nuestras prioridades diarias?

Paul Tillich describió la fe auténtica como una “preocupación principal”, algo que ocupa incondicionalmente el centro de la existencia.[2] La pregunta para el cristiano no debe ser, “¿crees en el regreso de Jesús?”, sino más bien, “¿cuánto deseas que regrese?”

Esta distinción es fundamental. No es lo mismo una creencia doctrinal que un deseo existencial. Podemos afirmar el retorno de Jesús con precisión teológica de que va a acontecer y, al mismo tiempo, vivir como si su segunda venida fuera la menor de nuestras preocupaciones. Cuando eso ocurre, nuestras perspectivas espirituales, ese termómetro invisible de nuestro verdadero anhelo, se desvanece sin que nos demos cuenta.

La cifra que realmente importa

La esperanza adventista se fundó sobre el concepto de Maranatha —el término arameo que significa “el Señor viene”. Juntamente con Juan el revelador, decimos: “Amén. ¡Ven, Señor Jesús!” (Apocalipsis 22:20).

Esas declaraciones no se sustentan sobre la base de cálculos en una plataforma de IA. Por el contrario, son impulsadas por el amor, la convicción y la fe histórica. Los pioneros no tomaban el regreso de Cristo como un supuesto. La esperaban con la urgencia de aquellos que conocen profundamente a Dios y su Palabra.

Los apostadores están 96 por ciento seguros de que Cristo no está viniendo pronto. Nosotros necesitamos estar cien por ciento seguros de que sí lo está; no como reacción al escepticismo de otros, sino porque tenemos algo que el mundo de las apuestas no consigue valorar. “Y después de irme y de prepararles un lugar, vendré otra vez…” (Juan 14:3). No hay ninguna probabilidad que pueda explicar una afirmación así. No se trata de una probabilidad. Es una certeza con un nombre, con una voz y con una fecha grabada en el mismo corazón de Dios.

No simplemente otra creencia

El retorno de Jesús no es simplemente otro punto entre nuestras creencias básicas. Es el latido que debe impulsar cualquier cosa que hagamos. Es lo que separa nuestro mensaje de cualquier otro en la arena religiosa. Y ese mensaje debe guiarnos a despertar cada mañana con un propósito y a irnos a la cama cada noche llenos de paz.

Dentro de este contexto, no podemos permitirnos el lujo de una cuota baja. No ahora, cuando el mundo a nuestro alrededor parece que estuviera desintegrándose. Cada evento que sacude las bases de la civilización —tensiones geopolíticas, aceleración tecnológica, desorientación moral—, es un dato más de información en la ruta que apunta hacia el mismo resultado. Y tenemos en nuestras manos una comprensión que el mundo simplemente no posee.

Así que elevemos nuestra cuota. Vivamos como personas que esperan activamente. Que tu “Maranatha” no sea simplemente una bonita expresión al final del culto, sino la más elevada y ardiente convicción de tu corazón.

“Amén. ¡Ven, Señor Jesús!”

La versión original de este artículo se publicó en el sitio de noticias en portugués de la División Sudamericana.

[1] https://www.statista.com/outlook/amo/gambling/sports-betting/worldwide#revenue

[2] Paul Tillich, Dinâmica da Fé (Dinámica de fe) (São Paulo: Paulinas, 1987), p. 306.

Traducción – Gloria A. Castrejón