Evento internacional ASi 2026 culmina con llamado a un compromiso total con Dios y su misión.
16 de agosto de 2026 | Orlando, Florida, Estados Unidos | Servicios e Industrias de Laicos Adventistas
La Convención Internacional de Servicios e Industrias de Laicos Adventistas 2026 celebrada en Phoenix, Arizona, Estados Unidos, terminó el 1 de agosto con una pregunta que transformó cuatro días de predicación, oración, testimonios y entrenamiento práctico, en un llamado personal: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?” (Isa. 6:8).
En torno al tema “Apresura el Día, Prepara el Camino”, miembros, dirigentes ministeriales, profesionales y familias de la organización ASi, se reunieron del 29 de julio al 1 de agosto para considerar a fondo lo que significa prepararse para el retorno de Cristo y ayudar a otros a prepararse a través de un fiel servicio y testificación.

Mark Finley ora al final de su encomienda final durante la Convención Internacional ASi en Phoenix, Arizona, Estados Unidos. [Imagen: Servicios e Industrias de Laicos Adventistas]
Jason y Midori Sliger contaron la forma como Dios hizo que dieran marcha atrás a sus expectativas y guio a su familia a prestar sus servicios en Papúa Nueva Guinea.
El mensaje de Rebecca Wong les hizo recordar a los asistentes que Dios puede usar aun el desplazamiento, la incertidumbre y capítulos dolorosos de la existencia para guiar a otros rumbo a su eterno hogar.
John Shin puso de relieve el encuentro entre Jesús y el joven rico. Su mensaje hizo que la pregunta tocara de cerca la audiencia: ¿Qué podría todavía interponerse entre un creyente sincero y una completa entrega a Cristo? La preparación para la venida de Jesús requiere más que conocimiento religioso u obediencia aparente. Requiere de un corazón dispuesto a colocar todo en sus manos.
El programa del sábado continuó el tono de esa apelación. Durante la Escuela Sabática, Adenilton T. Aguiar y Eric Flickinger comentaron sobre cómo decisiones ordinarias pueden convertirse en campos de batalla espiritual cuando el conocimiento, la libertad y los derechos personales se ven a través de la lente del amor cristiano. El mensaje de Shane Anderson en el culto de adoración enfatizó tanto la urgencia de la hora, como el privilegio de participar activamente en la obra final de Dios en este mundo.
Más allá de lo referente a la sesión plenaria, la convención llevó su tema al ámbito de la preparación práctica. Para el efecto, cuatro seminarios equiparon a los asistentes a preparar a la nueva generación, romper barreras, preparar el camino y apresurar el día. Las presentaciones dirigieron la atención hacia el ministerio infantil, los mensajes de los tres ángeles, oración y entrega, salud mental y espiritual, servicio misionero, estudios bíblicos, apología y evangelización práctica. United Prayer invitó a los asistentes a comenzar cada día en procura del Espíritu Santo, mientras que la sala de exhibición creó oportunidades para conectar a ministerios, negocios y simpatizantes, en torno a una misión compartida. Testimonios de Miembros en Acción mostraron lo que puede ocurrir cuando personas ordinarias se ponen a disposición de Dios.
Reunidas todas, esas experiencias señalaron hacia la encomienda final de la convención.
En su mensaje de clausura de la convención, Mark Finley abrió su Biblia en Isaías 6 y trasladó a los asistentes a un momento pasado de incertidumbre nacional. El rey Uzías había muerto. El trono terrenal estaba vació y el futuro era incierto. La gente estaba ansiosa. Sin embargo, Isaías vio algo que las circunstancias habían oscurecido: El Rey de reyes estaba todavía en su trono.
Esa misma garantía se aplica hoy a un mundo marcado por la guerra, el sufrimiento, la inestabilidad y el temor. Los poderes terrenales cambian, fracasan los planes humanos y el futuro puede parecer incierto; pero el reino de Dios no está en riesgo. El mal no va a tener la última palabra. Dios la tendrá.
Sin embargo, la visión de Isaías hizo más que reafirmarlo. Una vislumbre de la santidad de Dios le reveló su propia necesidad. “¡Ay de mí, que estoy perdido!” (versículo 5), exclamó. Solamente después de su confesión y limpieza pudo escuchar y responder al llamado de Dios. El pastor Finley describió esa progresión como la preparación espiritual necesaria para llevar a cabo la misión: una visión de Dios, reconocimiento de la necesidad personal, limpieza a través de la gracia y respuesta voluntaria a su comisión.
“Antes de que la gloria de Dios pueda llegar a llenar la tierra, debe primero llenar nuestra vida”, dijo. “Antes de que Dios pueda hacer algo a través de nosotros, debe hacer algo en nosotros”.
Esa verdad puso de relieve el tema de la convención. “Preparar el camino” comienza cuando los creyentes contemplan a Cristo, renuncian a su orgullo y complacencia, reciben su gracia transformadora y permiten que su carácter sea revelado a través de su vida. Y de esa preparación viene la acción.
Cuando Dios preguntó: “¿A quién enviaré?”, Isaías contestó: “Aquí estoy. ¡Envíame a mí!” (versículo 8). El pastor Finley les recordó a los asistentes que Dios todavía usa personas para alcanzar a otras personas. Llama a hombres y mujeres consagrados para llevar su amor a hogares, lugares de trabajo, iglesias, comunidades y a cada parte del mundo.
Ese llamado se va a ver diferente en cada vida. Para algunos puede significar ministerio de oración. Para otros puede involucrar la labor de distribuir material impreso, o ministerio de salud, estudios bíblicos, evangelización, ministerio juvenil o una testificación fiel en un ambiente profesional. La asignación puede variar, pero la invitación es la misma. Pide a Dios que te aclare cuál es tu misión y entonces préstate voluntariamente a ir.
Se dirigió también a aquellos que han servido fielmente, pero que han llegado a cansarse o se han desanimado por causa de limitados resultados visibles. “Los resultados son trabajo de Dios”, les recordó. “La responsabilidad del creyente es mantenerse fiel, continuar compartiendo su fe, orar, servir y buscar al perdido hasta que Jesús regrese”.
En su apelación final, el pastor Finley alentó tres respuestas: Perseverancia por parte de aquellos todavía involucrados en el ministerio; claridad por parte de aquellos que todavía están buscando su lugar en la obra de Dios y, una entrega de todo corazón por parte de aquellos que están enfrentando una decisión espiritual transformadora
Aunque ha llegado a su conclusión la convención 2026, la labor continúa en cada nación, ciudad, vecindario, negocio, ministerio y esfera de influencia en donde el pueblo de Dios está dispuesto a revelar su carácter y dar a conocer su verdad.
La encomienda final en la convención en Phoenix es urgente y esperanzada: Mira a Cristo. Permite que su gracia transforme el corazón. Pídele que te aclare cuál es tu misión. Avanza entonces en fe, sabiendo que la labor hecha en su nombre nunca es en vano.
La versión original de esta historia la publicó Servicios e Industrias de Laicos Adventistas en su sitio de noticias.
Traducción – Gloria A. Castrejón