Un viaje a Egipto confirma una vocación
28 de septiembre de 2026 | Laura Marrero y Noticias de la División Interamericana
El viaje de Rubén Díaz a Egipto estuvo a punto de terminar antes incluso de comenzar.
En el aeropuerto de Austin, Texas, un imprevisto le impidió embarcar en su vuelo. Había gastado casi 30 000 pesos mexicanos en un billete de ida y ya no le quedaba dinero para continuar el viaje.
Díaz viajó a McAllen, Texas, donde un amigo pastor le ofreció un lugar donde alojarse. Mientras esperaba una respuesta de la compañía aérea, retomó una actividad que ya había marcado su experiencia universitaria: la evangelización a través de la literatura.

«Cuando estaba a punto de rendirme, le dije a Dios: “Señor, si quieres que me vaya, necesito que me proporciones los medios. Y si no es así, significará que tienes un lugar mejor para mí”», recordó Díaz.
Decidió esperar hasta el domingo antes de cancelar el viaje. Entonces, el sábado, recibió una noticia inesperada: una mujer que se había enterado de su situación se ofreció a pagarle el vuelo a Egipto —y el de vuelta—.
«Ese fue el primer milagro y la respuesta de Dios», afirmó. «Solo tenía el vuelo de ida, pero Dios también me proporcionó el de vuelta».
Este giro inesperado volvió a situar a Díaz en un camino que había comenzado años atrás, cuando renunció a sus planes de estudiar Ciencias Políticas en Estados Unidos y se matriculó en Teología en la Universidad de Montemorelos (UM).
Un llamado toma forma
El colportaje ayudó a Díaz a financiar sus estudios, superar su timidez y relacionarse con personas interesadas en la Biblia. En la Facultad de Teología de la Universidad de Montemorelos, esas experiencias comenzaron a orientarlo hacia el servicio misionero.
Un curso de Misión Mundial le permitió conocer los desafíos que enfrenta la Iglesia Adventista en distintas partes del mundo. Mientras leía Passport to Mission como parte del curso, varias declaraciones y pasajes bíblicos sobre el servicio misionero captaron su atención.
«Recuerdo que, mientras leía aquellas últimas páginas, una convicción fue creciendo en mi interior: “Tengo que ir al campo misionero”».

La formación combinó clases sobre ministerio intercultural con ejercicios prácticos. En uno de ellos, los participantes se orientaron con un mapa, se repartieron las tareas y construyeron un refugio con los materiales disponibles para pasar un fin de semana en la selva. Asimismo, planificaron y dirigieron un proyecto misionero de diez días en una comunidad de Belice.
Al finalizar el programa, los participantes recibieron una lista de oportunidades para prestar servicio en diferentes partes del mundo.
Díaz eligió Egipto.
Encontrar su lugar en Egipto
Tras superar el contratiempo que estuvo a punto de frustrar su viaje, Díaz llegó a la Nile Union Academy, un colegio de secundaria con internado situado a las afueras de El Cairo. Viajaba solo, no conocía a nadie allí y se adentraba en una cultura totalmente diferente a todo lo que había vivido hasta entonces.
«Tenía tantas preguntas en la cabeza: ¿Cómo será eso? ¿Cómo será la gente?», dijo. «Fui con muchas expectativas».
A pesar de encontrarse en un entorno desconocido, Díaz pronto encontró la acogida de la comunidad local y el apoyo de otros colaboradores interculturales latinoamericanos.

El señor Díaz impartía clases de Biblia e inglés utilizando historias y pasajes bíblicos, dirigía un club Pathfinder y, posteriormente, ocupó el cargo de vicedecano en las residencias escolares.
El hecho de trabajar en estrecha colaboración con los alumnos le ayudó a tener claro cuál era el ministerio que más le motivaba.
«Me di cuenta de que enseñar la Biblia y impartir estudios bíblicos es lo que más me gusta», afirmó. «Fue entonces cuando confirmé esa parte de mi vocación».
Su servicio en Egipto también permitió a Díaz conocer los retos lingüísticos, culturales y religiosos que plantea el ministerio en la Ventana 10/40, incluidos aquellos lugares donde muchas personas aún no han conocido a Jesús, una región que abarca el norte de África, Oriente Medio y partes de Asia, donde la presencia cristiana es limitada en muchas comunidades.
Aprendió que compartir la fe en entornos como esos requiere paciencia, sensibilidad cultural y relaciones auténticas.
«El campo misionero me ayudó a darme cuenta de que nuestra iglesia es más grande de lo que pensaba y de que se enfrenta a muchos más retos de lo que imaginaba», afirmó Díaz. «También comprendí que debemos rezar mucho por esos lugares y estar dispuestos a ir».

Algunas de las lecciones más importantes que aprendió Díaz las recibió fuera del aula.
La lejanía de su hogar, la adaptación cultural y los momentos de soledad le enseñaron a Díaz que quienes prestan servicio en entornos interculturales necesitan una preparación emocional tanto como una formación académica y espiritual.
«Al principio, uno se siente autosuficiente y quiere demostrar que puede con todo, pero he aprendido que a veces hay que mostrarse vulnerable», afirmó. «No somos superhéroes».
Esta experiencia también le hizo darse cuenta de la importancia del apoyo de la familia y los amigos a través de la oración y la comunicación constante.
Ahora que ha regresado a la Universidad de Montemorelos para cursar su último año de estudios de teología, Díaz puede trazar un camino que nunca hubiera imaginado cuando renunció a sus planes de estudiar ciencias políticas en Estados Unidos.
La evangelización a través de la literatura le permitió entrar en contacto con personas que buscaban respuestas bíblicas. Sus estudios en Montemorelos le orientaron hacia el ministerio intercultural. Belice le preparó para prestar servicio en entornos interculturales. Egipto confirmó su pasión por la enseñanza de la Biblia.
Sin embargo, Díaz regresó consciente de que el servicio a los demás no viene determinado por la geografía.
«Tras todas esas experiencias, llegué a la conclusión de que siempre habrá una necesidad allá donde vaya, ya sea en México, Estados Unidos, Belice o Egipto».
Lisandra Vicente y Brenda Cerón han colaborado en la elaboración de este informe.
La versión original de esta noticia se publicó en el de la Universidad de Montemorelos.


