Cuando una ruandesa me pidió que la llevara a mi casa
Apresurándose por el camino pedregoso que se dirige a la iglesia adventista de Mudende, mi intérprete y yo expresamos nuestros saludos e invitaciones usuales a los boquiabiertos residentes, para que nos acompañaran a las reuniones de evangelización en curso. Muchos sonrieron y replicaron: “¡Nos vemos allí!” Pocos de ellos habían visto de cerca alguna vez a un blanco en este extremo montañoso de Ruanda, que mira hacia la frontera con la República Democrática del Congo.