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19 de agosto de 2021 | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Ted N.C. Wilson, President de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día

Saludos amigos. Recientemente, Nancy y yo tuvimos el privilegio de ir en una misión muy especial a la ciudad de Nueva York. Fuimos invitados a participar en la inauguración oficial de una nueva instalación de viviendas para personas mayores, conocida como Anexo de las Torres del Noreste. Es una nueva adición al edificio original que fue inaugurado en 1984. Los Adventistas del Séptimo Día, particularmente de la Asociación del Noreste, han estado muy involucrados en este proyecto, donde están ministrando de una manera muy real a las necesidades de las personas más vulnerables de la comunidad.

Varios líderes gubernamentales y cívicos estuvieron presentes en la inauguración, y tuvimos la maravillosa oportunidad de interactuar con ellos, compartiendo nuestra misión y visión de ministrar a las personas de una manera integral.

El ayudar a quienes tienen necesidad, física, mental, social y espiritual, es fundamental para nosotros, como Adventistas del Séptimo Día, y en el mundo de hoy la necesidad es mayor que nunca, especialmente en las ciudades. 

Desde hace algún tiempo, la población mundial se ha trasladado a las grandes ciudades del mundo, y Dios nos está llamando para alcanzar a estos habitantes de las ciudades. Hace unos años, se estableció un énfasis renovado en la Misión a las Ciudades. Este énfasis todavía es muy necesario y está avanzando hoy. Es una obra que une todos los aspectos de la obra de la iglesia en su enfoque para llegar a las multitudes de las ciudades, y recibirá la bendición de Dios cuando se haga de acuerdo con Su voluntad, con un corazón humilde. 

Dios habló a través de Elena de White para revitalizar el trabajo de las ciudades y nos habla hoy, en el libro, Ministerio Médico, donde leemos:

« No hay cambio en los mensajes que Dios ha enviado en el pasado. La obra en las ciudades es la obra esencial para este tiempo. Cuando se trabajen las ciudades como Dios desea, el resultado será la puesta en operación de un poderoso movimiento cual nunca se ha visto.” {MM 403.3}

Este es el mensaje de Dios para nosotros hoy en día en respuesta al reavivamiento y la reforma. Debemos ser preparados personal y corporativamente por el Espíritu Santo en nuestra humilde sumisión a la voluntad de Dios, mientras el mundo que nos rodea se desmorona y se desintegra.

Creo que Jesús vendrá pronto. Las señales que nos rodean son ominosas y Dios nos está llamando a ser reavivados y reformados a través de Su Espíritu para que podamos aumentar nuestro trabajo en las ciudades de acuerdo con Su plan. Cuando se haga eso, se nos promete que veremos «un poderoso movimiento cual nunca se ha visto”.

Oremos para que la lluvia tardía caiga en abundancia mientras realizamos el trabajo para las ciudades. El pueblo de Dios debe lograr esto a través del reavivamiento, la reforma y una sumisión silenciosa a la Palabra de Dios, el consejo en el Espíritu de Profecía, la oración intensa por el derramamiento del Espíritu Santo y la voluntad de obedecer los mandamientos de Dios.

Necesitamos pastores y laicos trabajando juntos. Los pastores y los profesionales de la salud deben trabajar, como lo indica el Espíritu de Profecía, en un «ministerio mixto». Necesitamos

organizaciones denominacionales y ministerios de apoyo que trabajen juntos para ganar almas. El poder para hacer este trabajo no está en los seres humanos ni en los comités ni en los reglamentos; el poder y la verdad están en la Palabra de Dios, en el Espíritu de Profecía, en la oración ferviente y en el poder del Espíritu Santo.

Nuestro mensaje bíblico nos unirá como pueblo mundial y nos protegerá de aislarnos de la sociedad y unos de otros. Nuestro mensaje a las ciudades del mundo es que viene otra ciudad, la Nueva Jerusalén, una ciudad de seguridad, esperanza y refugio con Dios en el centro.

Cuando Jesús estuvo en la tierra, lloró por la ciudad de Jerusalén. Durante su entrada triunfal, llegó a un punto donde se divisaba toda la ciudad y se detuvo. Jerusalén estaba en todo su esplendor reflejando la luz del sol poniente. El mármol blanco puro de las paredes del templo y los pilares cubiertos de oro crearon una vista deslumbrante. Mientras Jesús miraba la ciudad, Lucas 19: 41-42 registra Su reacción y respuesta: «Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos”. 

Jesús lloró por la ciudad, por la gente de la ciudad. Conocía el rechazo de su misión y los terribles resultados que se producirían en breve. Lloró por la gente de la ciudad con una tristeza indecible debido a la falta de respuesta a Su amor, salvación y Palabra.

¿Estamos llorando con Jesús por las ciudades y la gente de este mundo? ¿Estamos contemplando las ciudades cercanas a nosotros con un amor indecible, como lo hizo Jesús? Si alguna vez hubo un momento para llorar con Jesús por las ciudades y por las personas de este mundo, ¡es ahora!  Recordemos esa inspiración que nos dice: «Cuando se trabajen las ciudades como Dios desea, el resultado será la puesta en operación de un poderoso movimiento cual nunca se ha visto.”

Tengo plena confianza en que Dios cumplirá Su promesa si humildemente le sometemos nuestros planes y seguimos Sus instrucciones en la Biblia y el Espíritu de Profecía. Roguemos en ferviente oración al Espíritu Santo por el poder para llevar a cabo la tarea que se nos ha confiado. ¡Qué día será cuando Jesús regrese y nos unamos a los que han sido salvados de las grandes ciudades y las zonas rurales para ascender con el Señor a nuestros eventuales hogares por la eternidad! Dediquémonos al plan de Dios para alcanzar a tantos como sea posible para Él.

Les invito a orar conmigo ahora mismo.

Padre celestial, te pedimos que te acerques a nosotros mientras reflexionamos sobre las enormes áreas metropolitanas de este mundo, ciudades que están cerca de nosotros, tal vez, muchos de nuestros miembros incluso viviendo en estas ciudades, Señor, ayúdanos a recordar que Jesús lloró por la gente de la ciudad de Jerusalén, y llora por la gente de las ciudades de todo el mundo.

Ayúdanos a presentarle a la gente al que puede traerles alegría, esperanza y realización en este vida y una vida eterna. Al que murió por ellos, resucitó por ellos, intercede por ellos y vuelve por ellos. 

Señor, sé con todos los que están trabajando en las grandes ciudades de este mundo, y sí también en las áreas rurales, pero las ciudades son donde hay tanta gente, tan lejos de ti, Señor, bendice a los miembros de nuestra iglesia, a los obreros de nuestra iglesia, quienes que trabajan para llevar a las personas a Jesús, Sus mensajes de los tres ángeles, y El que pronto vendrá. Gracias Señor por permitirnos ser parte de este gran ministerio. En el nombre de Cristo lo pedimos, amén.

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