25 de octubre | Silver Spring, Maryland, Estados Unidos | Paulo Lopes, presidente de ADRA International

«Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben a su Padre que está en los cielos». —Mateo 5:16 (NVI)

Algunos de los sermones más impactantes que he presenciado nunca se han predicado desde un púlpito.

A principios de este año, me encontré frente a una estación rehabilitada de agua y a una escuela a la que se le había dado una nueva vida gracias a uno de nuestros proyectos de ADRA. Los vecinos de la comunidad local me entregaron una carta de agradecimiento. En ella escribían que el proyecto de abastecimiento de agua «no era simplemente» un servicio. Suponía la recuperación de un medio vital y de la dignidad humana. Los nuevos salones de clase, decían, transmitían un mensaje de esperanza a sus hijos: que el futuro sigue siendo una posibilidad.

Nadie en ese pueblo preguntó cuáles son las creencias de ADRA, pero, aun así, se enteraron de nosotros.

El presidente de ADRA International, Paulo Lopes, pone en funcionamiento una estación de agua recientemente donada. [Foto: ADRA International]
Siempre estamos predicando

Jesús dio a sus seguidores una instrucción muy significativa en el Sermón del Monte. No dijo: «Que escuchen sus palabras». Dijo: «Que vean sus buenas obras».

Eso cambia mi forma de ver nuestro trabajo en ADRA. Cuando distribuimos alimentos, montamos un refugio, intervenimos ante una inundación o acompañamos a un padre o una madre traumatizado, no nos estamos alejando de la misión de la iglesia. La estamos viviendo.

En muchos de los lugares en los que ADRA presta sus servicios, es posible que las personas nunca entren en una iglesia, escuchen un sermón o abran una Biblia. Pero se encontrarán con nosotros. Y, según cómo las tratemos, ellas se formarán una impresión de quiénes somos, de en qué creemos y, en última instancia, de cómo es Dios.

Predicamos todos los días, durante todo el año. La única cuestión es qué mensaje transmite nuestro servicio.

Arraigados en la Biblia

No se trata de una idea nueva. La Biblia contiene más de dos mil pasajes sobre la pobreza, la justicia, la compasión y el cuidado de los más vulnerables. Los profetas se pronunciaron con firmeza al respecto. Algunas de las leyes civiles más importantes de Israel se redactaron para proteger a los pobres, a las viudas, a los huérfanos y a los extranjeros. Elena G. White escribió extensamente sobre el ministerio de la compasión y la importancia de revelar el carácter de Cristo por medio de actos prácticos de amor.

Y Jesús definió su propia misión de la siguiente manera: «El Hijo del Hombre no vino para que le sirvieran, sino para servir». El servicio no fue un aspecto secundario de su ministerio, sino que constituyó el núcleo del mismo.

Por eso, ahora que la iglesia promueve el mensaje «Arraigados en la Biblia, Enfocados en la Misión», considero que la labor de ADRA ocupa un lugar central. La acción humanitaria no está separada del evangelio; es una expresión visible del mismo.

El testigo que la gente recuerda

Durante una intervención humanitaria, las personas observan mucho más de lo que creemos. Se fijan en cómo hablamos bajo presión, cómo tratamos a los más vulnerables, cómo administramos los recursos y cómo actuamos cuando estamos agotados. Cualquiera puede hablar de compasión cuando todo está en calma. En medio del caos es cuando se revela la verdadera naturaleza de lo que somos.

Muchas de las comunidades a las que prestamos servicio han escuchado demasiadas promesas. Han visto cómo las organizaciones llegan para luego desaparecer. Cuando conocen a personas que las escuchan con respeto, las atienden con honestidad y se quedan, algo cambia. La confianza empieza a crecer.

Es posible que las personas pongan en duda nuestras palabras. Sin embargo, rara vez ponen en duda la compasión sincera.

Santiago nos recuerda que la fe sin obras está muerta. Pero no creo que estemos añadiendo obras a la fe. Lo que hacemos es manifestar la fe por medio de las obras.

Mirar más allá de nosotros mismos

Jesús también explicó el motivo: para que las personas «alaben a su Padre que está en los cielos». El objetivo no es que alguien diga: «¡Qué impresionante es ADRA!». Se trata de que las personas puedan vislumbrar el carácter de Dios por medio de nuestra manera de servir.

Eso lo determina todo. Significa actuar con humildad en lugar de actuar con ego, con integridad en lugar de tomar atajos, con respeto en lugar de mostrar una actitud de superioridad, y con coherencia en lugar de hacerlo únicamente cuando resulta conveniente.

Y es por eso que ADRA presta ayuda en función de las necesidades, nunca en función de las creencias. No ayudamos a las personas porque crean lo mismo que nosotros. Ayudamos porque creemos, y nuestro servicio es una expresión de esa creencia.

Un sermón que se vive

Para muchas de las personas con las que nos encontramos, ADRA puede ser el único sermón que lleguen a ver en su vida. No uno que se predica, sino uno que se vive.

Por lo tanto, la cuestión no es determinar si estamos predicando, sino qué mensaje estamos transmitiendo por medio de nuestro servicio.

Que sea un mensaje de justicia, compasión y amor. Y que aquellos a quienes servimos no solo recuerden a ADRA, sino que, para cuando se vayan, hayan vislumbrado algo del Dios al que seguimos.

Para obtener más información sobre la labor de ADRA en todo el mundo, ingrese a ADRA.org.