Nuestro gran privilegio en el tiempo del fin.
25 de mayo de 2026 | Sídney, Australia | Charissa Torossian para Adventist Review
No es secreto: Nuestro Dios es un Dios de maravillas. La vida misma es una maravilla. Se dice que el corazón humano palpita aproximadamente 100,000 veces cada día. Eso significa más de 2.5 billones a lo largo de una vida promedio.[1] Tenemos también la maravilla del ojo humano. La evolución ofrece sus complejas teorías de 600 millones de años acerca de la forma como el ojo llegó a constituirse en su presente extraordinaria existencia; pero las huellas divinas están presentes en todo ello. Ciertamente, podemos decir con Nabucodonosor, en Daniel 4:3: “¡Cuán grandes son sus señales! ¡Cuán portentosas son sus maravillas”
Con este trasfondo en mente, me entusiasmó descubrir el texto bíblico de Isaías 8:18: “¡Aquí me tienen, con los hijos que el Señor me ha dado! Somos en Israel señales y presagios del Señor de los Ejércitos, que habita en el monte Sion”. Aunque las palabras de Isaías tenían que ver específicamente con la familia natural de Isaías (eso amerita un estudio en sí mismo), es interesante que, en el Nuevo Testamento, Hebreos aplica este versículo a Jesús y su familia espiritual. En otras palabras, así como Isaías y su propia familia eran testigos vivientes de la veracidad de la Palabra de Dios; así también nuestra vida —transformada por la gracia de Dios—, ha de ser un testimonio viviente del poder del evangelio de Cristo.
En pocas palabras, debemos ser como señales y prodigios en este mundo. Y esto puede ocurrir, en forma milagrosa, cuando pasamos tiempo con Jesús, permitiéndole al Espíritu Santo llenarnos día a día, de manera que podamos deleitarnos diariamente en su constante e incomparable amor.
“ Qué grandiosa es la puesta del sol,
Admirable es el amanecer,
Pero mucho más grande y conmovedor,
El amor que me tiene el Señor”.[2]
¡El amor de Dios, vivido y acogido en nuestra vida, le permite a Dios hacernos sus señales y maravillas en el mundo!
Esta idea tiene un tremendo significado en el tiempo del fin. Apocalipsis 12:1 señala que cuando el apóstol Juan vio simbolizada proféticamente a la iglesia de Dios, declaró: “Apareció en el cielo una señal maravillosa: una mujer revestida del sol, con la luna debajo de sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza”. En la versión del rey Jacobo (versión King James) se dice que apareció “una gran señal en el cielo”. Las personas dentro del pueblo de Dios en el tiempo del fin son como señales y maravillas en este mundo, especialmente porque observan y valoran los mandamientos de Dios —incluyendo el cuarto, en relación con el séptimo día, sábado de Dios. (Ap. 14:12). Como declara Ezequiel 20:12: “Y les di también mis sábados, para que fueran por señal entre yo y ellos, para que supieran que yo soy Jehová que los santifico”.
“Si cerráramos las ventanas del alma hacia la tierra y las abriéramos hacia el cielo, cada institución establecida sería una luz brillante y resplandeciente en el mundo. Si cada miembro de la iglesia viviera las grandes, excelsas y ennoblecedoras verdades para este tiempo, sería una luz brillante y resplandeciente. El pueblo de Dios no puede agradarle a menos que esté henchido de la eficiencia del Espíritu Santo. Tan pura y leal ha de ser la relación mutua de sus miembros, que, por sus palabras, sus inclinaciones, sus atributos, muestren que son uno con Cristo. Han de ser como señales y maravillas en nuestro mundo , que lleven adelante, inteligentemente cada aspecto de la obra”. [3]
La estrategia de Satanás en el tiempo del fin es el engaño. “Tengan cuidado de que nadie los engañe” (Mat. 24:4), fueron literalmente las primeras palabras de Jesús en respuesta a la pregunta de los discípulos acerca del tiempo de su venida. El versículo 24 añade: “Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas que harán grandes señales y milagros para engañar, de ser posible, aun a los elegidos (cf. 2 Tesalonicenses 2:9). En el mundo de hoy, en el que ver es creer y en donde Satanás, el maestro de la mentira y la confusión, está procurando arrastrar a este mundo hacia sus redes de engaño, Dios y la verdad de Dios necesitan ser vistos como realmente son. Que Dios nos ayude a ser sus señales y maravillas en este mundo por amor a su nombre, de manera que la gente pueda ver la real diferencia que puede hacer Cristo y solamente Cristo.
[1] https://www.bhf.org.uk/informationsupport/how-a-healthy-heart-works
[2] George Beverly Shea, “The Wonder of It All,” in Himnario Adventista del Séptimo Día (en inglés) (Washington D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1985), no. 75.
[3] Elena G. White,Mensajes Selectos (Mountain View, CA.: Publicaciones Interamericanas, 1966), tomo 1, p. 113. (cursiva añadida).
Charissa Torossian tiene una licenciatura en Educación por la Universidad Macquarie, en Sídney, Australia.
Traducción – Gloria A. Castrejón