La División Norteamericana honra a quienes completan el servicio en el extranjero en el campo misionero.

13 de julio de 2026 | Christelle Agboka, Noticias de la División Norteamericana

El 8 de junio, la División Norteamericana dio la bienvenida a 65 misioneros en su sede como parte del retiro de bienvenida a casa del Instituto de Misiones Mundiales de la Asociación General. Allí interactuaron con líderes de la División Norteamericana, recorrieron el edificio y disfrutaron de una comida con otros misioneros y otros obreros de la iglesia.

“Hay un viejo dicho que dice que el hogar es donde tienen que dejarnos entrar. Hoy ni siquiera tuvieron que llamar. Estamos muy contentos de tenerlos aquí”, dijo Orna Garnett, secretaria asociada de Servicios Misioneros de la División Norteamericana, en sus palabras de bienvenida.

El evento de la División Norteamericana marcó el inicio de un retiro de una semana, celebrado del 8 al 13 de junio en Maryland, para misioneros de larga duración que cumplieron misiones en el extranjero. Seis familias misioneras regresaron a la División Norteamericana, mientras que las demás llegaron desde divisiones de todo el mundo.

El presidente de la División Norteamericana, G. Alexander Bryant, y Orna Garnett, secretaria asociada de Servicios Misioneros, dieron la bienvenida a 65 misioneros que regresaron a la sede de la División Norteamericana, el 8 de junio. [Fotografía: Kimberly Maran, NAD]

Estos retiros, que se celebran cada dos años, incluyen momentos de adoración, seminarios de reajuste cultural, recursos prácticos, apoyo emocional y psicológico, reconocimiento de los años de servicio, actividades recreativas y oportunidades para que los misioneros compartan sus experiencias. Como solo unas pocas divisiones organizan retiros de reingreso, los asistentes de varias regiones se reúnen en un lugar central.

Durante muchos años, el retiro de bienvenida a casa para misioneros que sirven en la División Norteamericana y otras divisiones se ha celebrado en la Universidad Andrews en Berrien Springs, Míchigan. Este año, por primera vez, el lugar del retiro se trasladó a Maryland, ofreciendo a los participantes la rara oportunidad de recorrer la sede de la División Norteamericana e interactuar con los directivos del territorio.

En esencia, estos retiros son un espacio seguro para que las familias que regresan puedan procesar los altibajos y momentos intermedios de la misión intercultural con otros que han pasado por una experiencia similar.

El organizador Ronald Kuhn, director asociado del Instituto de Misiones Mundiales, señaló que, aunque familiares y amigos no siempre pueden identificarse con su experiencia misionera, «este es el grupo que entiende la situación por la que pasaron”.

Durante el programa matutino del 8 de junio, el presidente de la División Norteamericana, G. Alexander Bryant, el secretario ejecutivo, Kyoshin Ahn, y la tesorera/directora financiera, Judy R. Glass, expresaron su gratitud por los años de servicio y sacrificio de los misioneros.

“El impacto de la obra que han realizado en los últimos años seguirá dando frutos y multiplicándose exponencialmente con el tiempo hasta que venga el Señor”, dijo Bryant.

Los misioneros que regresan realizan una visita al cuartel general de la División de América del Norte el 8 de junio. El retiro de bienvenida a casa de este año marcó la primera vez que el programa se celebró en Maryland. [Fotografía: Edson Tanaka]

Los participantes recorrieron el edificio y se reunieron con representantes de 37 departamentos y ministerios para aprender de qué manera la división apoya la misión de la iglesia en toda Norteamérica.

Garnett señaló que la visita fue especialmente significativa para quienes regresan a la División Norteamericana. “Algunos me dijeron que estaban tan agradecidos de no haber sido olvidados”, dijo. “No hay nada como compartir los alimentos con la familia que no has visto en mucho tiempo”.

La misión continúa

Esa tarde, los misioneros asistieron a una ceremonia de premios y reconocimiento en la sede de la Asociación General, donde todos recibieron certificados de la Asociación General. Los misioneros del territorio de la División Norteamericana también recibieron certificados e insignias de Garnett en nombre de los líderes de la división.

Para la misionera de la División Norteamericana Rose White-Ntakirutimana, que prestó servicios junto a su marido, Jean Ntakirutimana, en la República Democrática del Congo, la avalancha de recuerdos que evocó el reconocimiento fue abrumadora. Se mostró visiblemente emocionada al recibir sus certificados.

Jean y Rose fueron misioneros durante 13 años, incluyendo casi una década en la Unión Misión del Congo Oriental. Como tesorera allí, Jean lideró el equipo de contabilidad del territorio y supervisó sus operaciones financieras. Rose desempeñó múltiples funciones, incluyendo la supervisión de las operaciones de oficina; la coordinación del programa de hijos de pastor (PK); la administración de la residencia para huéspedes; la supervisión del predio y del personal de limpieza y seguridad, además de ser secretaria de Jean.

Jean se sintió inspirado por los misioneros que enseñaron en su escuela secundaria adventista en Ruanda, mientras que Rose buscó continuar con el legado de su padre, que fue pastor misionero de Ruanda en el Congo.

Rose White-Ntakirutimana comparte un breve testimonio después de que ella y su marido, Jean Ntakirutimana, fueron reconocidos por 13 años de servicio misionero, lo que incluyó una década en la República Democrática del Congo. [Fotografía: Art Brondo, NAD]

Ese sentido del llamado los sostuvo durante la inestabilidad financiera, los conflictos interpersonales, una carga de trabajo a menudo aplastante y un susto de cáncer para Rose al comienzo del servicio. Al reflexionar sobre los importantes desafíos financieros y organizativos que enfrentaba la unión misión cuando llegaron, Jean dijo: “Cuando regresamos a finales de 2025, todos esos desafíos habían sido resueltos por la gracia de Dios”.

Rose explicó más tarde por qué la ceremonia la emocionó tanto.

“Trabajas duro… Todo está bien. Pero allí no estaba el agradecimiento”, expresó. “Por eso, cuando escuché las palabras ‘gracias’ [en la ceremonia de premios], se me saltaron muchas lágrimas”.

Añadió: “Vinimos [aquí] con el corazón quebrantado. Pensábamos que éramos los únicos”. Escuchar las historias de otros y ver sus lágrimas los tranquilizó al saber que no estaban solos.

A pesar de las dificultades, seguirían animando a otros interesados en la misión. “Les diré: ‘Vayan. No tengan miedo’”, dijo Rose. “Solo vayan a trabajar para el Señor y Dios los traerá de vuelta como nos trajo a nosotros”.

Ese mismo compromiso con la misión se reflejó en las historias de varios de sus compañeros, incluyendo a Edwin y Alice Emerson, también misioneros de la División Norteamericana. Mientras se preparaba para su jubilación en Canadá, Edwin se sintió perturbado por un sueño en el que alguien lo llamaba a servir en su tierra natal. Solo encontró paz después de orar: “Señor, si es tu voluntad que vaya a Sri Lanka, la aceptaré”.

Poco después, recibió una llamada telefónica invitándolo a convertirse en secretario ejecutivo de la Misión de Sri Lanka. Inmediatamente dijo que sí.

El retiro de bienvenida a casa ofreció oportunidades para que los participantes se conectaran, construyeran relaciones y se animaran mutuamente. [Fotografía: Kimberly Maran, NAD]

Aunque Alice al principio tuvo dificultades con la transición, finalmente la aceptó y pasó a liderar los Ministerios de Niños, Familia y Mujeres. Uno de los momentos destacados del ministerio fue un campamento infantil que reunió a casi 300 niños, muchos de orígenes hindúes u otras religiones. Ocho fueron bautizados y 18 respondieron a un llamado al altar para quienes estaban interesados en el ministerio pastoral.

A pesar de los desafíos de adaptarse a la vida en Sri Lanka tras décadas afuera, y luego de readaptarse a Canadá, los Emerson siguen agradecidos por su experiencia.

“Después de ir allí a trabajar, supe que era un llamado para nosotros, porque pudimos ayudar a mucha gente en Sri Lanka”, señaló Alice.

Para Wayne y Sarapee Hamra —los misioneros con más años de servicio en el evento, también desde Norteamérica— casi cuarenta años en la Universidad Internacional de Asia-Pacífico en Tailandia ampliaron su comprensión de la misión. Wayne fue director del programa de maestría en ciencias empresariales y profesor en la Facultad de Ciencias Económicas, mientras que Sarapee se jubiló como subdirectora de servicios de alimentación.

Sus funciones más queridas, sin embargo, fueron las de “madre y padre” del campus, dando la bienvenida a estudiantes de diversos orígenes religiosos en su hogar para momentos de comidas, oración, adoración y compañerismo.

Los misioneros de la División Norteamericana Edwin y Alice Emerson (centro) posan para una fotografía tras recibir certificados de la Asociación General y de la división donde se reconocen sus años de servicio misionero. [Fotografía: Art Brondo, NAD]

Wayne dijo que su trabajo misionero no concluiría con la jubilación. Ser misionero, afirmó, “es lo que hacemos más que dónde estamos. Realmente tiene que ser un estilo de vida”.

Jean expresó un compromiso similar, diciendo: “Seguimos disponibles y listos para servir, mientras el Señor nos dé fuerzas”.

En los saludos en vídeo del 8 de junio, el presidente de la Asociación General, Erton Köhler, reforzó un sentimiento compartido por varios misioneros: “La misión no termina cuando termina una asignación. Continúa en el corazón de quienes han aceptado el llamado”.

La versión original de esta noticia fue publicada por el sitio de noticias de la División Norteamericana.

Traducción de Marcos Paseggi