Los líderes se enteran de una historia milagrosa de supervivencia tras el terremoto del 10 de agosto en Colombia.

24 de agosto de 2026 | Bogotá, Colombia | Marcos Paseggi, Adventist Review

No pudo resistirse.

El 10 de agosto, un edificio de varios pisos que daba al patio abierto de la Corporación Educativa Adventista en Cali, Colombia, tembló incontrolablemente durante unos segundos que parecieron una eternidad. Luego, tras un momento de silencio, todo el edificio se derrumbó, cubriendo toda la zona abierta del colegio.

Los padres que acababan de dejar a sus hijos escucharon el derrumbe explosivo del edificio y se dieron vuelta, desesperados por encontrarlos. En una grabación de video, se puede oír que algunos padres gritan: “¡Mi hijo! ¡Mi hijo!” y “¡Mis hijos!”

Un edificio adyacente a la Corporación Educativa Adventista en Cali, Colombia, cayó sobre el patio abierto del colegio durante el terremoto del pasado 10 de agosto. [Fotografía: Asociación del Pacífico Colombiano]

Pronto se difundieron rumores de que hasta trescientos estudiantes estaban sepultados bajo los escombros de la escuela adventista. Dada la magnitud del colapso, muchos temían que pocos, si es que alguno, hubieran sobrevivido.

Un informe sombrío pero pleno de gratitud

El 17 de agosto, apenas una semana después del terremoto, Yeison Andrade, presidente de la Asociación del Pacífico Colombiano, compartió un informe con líderes de la Unión Colombiana del Sur y visitas de Maranatha Volunteers International, un ministerio dirigido por laicos que apoya la construcción de iglesias adventistas, escuelas y pozos de agua en todo el mundo. El objetivo del viaje de Maranatha, que se planificó mucho antes del terremoto, fue llevar a cabo un estudio de factibilidad como parte del posible lanzamiento de varios proyectos de construcción en todo el país.

Durante su informe, Andrade compartió fotos y testimonios de lo que llamó “las circunstancias milagrosas” por las cuales, contra todo pronóstico, se preservó la vida de cada alumno y maestro de la escuela adventista. Andrade, que llegó al colegio apenas minutos después del terremoto, también informó de cómo, a pesar de la tragedia, el lugar pronto se convirtió en un centro para alimentar a los integrantes de los equipos de rescate y a otros voluntarios.

Fachada de la Corporación Educativa Adventista en Cali, Colombia. [Fotografía: Asociación del Pacífico Colombiano]

Un conjunto increíble de circunstancias

Las “coincidencias” que permitieron a profesores y estudiantes sobrevivir al derrumbe del edificio en las zonas abiertas del colegio son demasiadas y maravillosas, dijo Andrade.

En primer lugar, el terremoto se produjo después de que la campana de entrada hiciera que los estudiantes abandonaran el patio abierto para los momentos diarios de reflexión espiritual. “Estaban escuchando el devocional diario cuando se produjo el terremoto”, dijo Andrade. “Si el edificio se hubiera derrumbado solo unos minutos antes, la historia habría sido diferente”.

El hecho de que los estudiantes escucharan el devocional tampoco fue casualidad. El capellán del colegio, Deiby Bustamante, explicó que el devocional matutino solía celebrarse cada mañana a las 6:30. “Pero algunos padres llegaban tarde, así que decidimos adelantar el devocional diario a las 7:30 para que todos estuvieran presentes”, explicó. “De lo contrario, los alumnos podrían haber estado afuera, en el recreo”.

En segundo lugar, Andrade explicó que el colegio tenía un protocolo de evacuación para catástrofes como esta. La directora del colegio, Carolina Gómez, contó cómo, en cuanto sintió los primeros temblores, corrió al pasillo y dio la orden de evacuación. Bustamante la vio y se unió a los esfuerzos de evacuación. “Estaba preocupado por mi hijo, que es un alumno de preescolar”, contó. “Pero también me preocupaban los demás niños. Y tenía plena confianza en nuestro equipo”.

Yeison Andrade, presidente de la Asociación del Pacífico Colombiano, comparte un informe con líderes de la Unión Colombiana del Sur y visitas de Maranatha Volunteers International en Bogotá, Colombia, el 17 de agosto. [Fotografía: Marcos Paseggi, Adventist Review]

Pero no todo ocurrió según lo planeado. “El protocolo de evacuación estipulaba que los estudiantes debían abandonar sus aulas y reunirse en la zona abierta, justo donde cayó el edificio”, explicó Andrade. “Eso habría resultado mortal”.

Sin embargo, ocurrió algo con las clases de primero y sexto año, las dos más cercanas al área abierta. La clase de sexto año corrió hacia la zona abierta, pero como la tierra temblaba mucho allí, los alumnos corrieron hacia el edificio escolar para aferrarse a la pared con la espalda hacia la pista abierta, contó Gómez. Fue entonces cuando sintieron que el edificio se caía y quedaron envueltos en polvo y humo. “Nos quedamos allí parados, orando para que Dios nos ayudara a respirar y para alejarnos de la zona lo antes posible”, contó.

Mientras tanto, los alumnos de primero estuvieron listos para salir de su aula hacia el área abierta en cuestión de segundos. Pero un estudiante seguía en el baño. La maestra tomó una decisión rápida. “Esperaremos al alumno que falta. Nos iremos todos juntos”, dijo a la clase. Esa decisión también contribuyó a que se salvaran.

Equipos de rescate y voluntarios trabajan en y alrededor de las ruinas del edificio derrumbado junto a la Corporación Educativa Adventista en Cali, Colombia. [Fotografía: Asociación del Pacífico Colombiano]

Gómez compartió cómo el personal escolar finalmente tuvo el placer de entregar a cada alumno a sus padres, completamente ilesos. Y no fue una espera ociosa hasta que los preocupados padres llegaron a recoger a sus hijos, dijo Bustamante. “Les pedí que formaran un círculo para orar. Y les recordamos las promesas de Dios”, contó. “Al final nos abrazamos fuerte, y les dijimos: ‘¡No están solos! ¡El Rey de reyes está con nosotros!’”

Más circunstancias milagrosas

Según Andrade, otro factor pudo haber ayudado a salvar vidas: el edificio no se derrumbó completamente sobre la zona abierta. En cambio, el suelo cedió bajo el peso del hormigón, haciendo que parte de la estructura se hundiera antes de girar ligeramente y caer. “Parte del edificio se hundió en la tierra antes de girar unos grados sobre sí mismo y desplomarse”, explicó Andrade. Como resultado, solo una parte del edificio cayó sobre el espacio abierto, lo que ayudó a salvar a los alumnos de sexto curso que estaban fuera.

Otro milagro, en palabras de Andrade, fue lo que ocurrió con la sección de comedor y cocina del colegio. “Parte del edificio derrumbado cayó sobre esa zona del colegio en una época en la que las cocineras estaban trabajando”, contó Andrade. “Pero cuando corrimos a averiguar qué había pasado, vimos que las cocineras del colegio salían, cubiertas de polvo pero ilesas”.

El edificio se derrumbó completamente el 10 de agosto, cayendo sobre el patio abierto de la Corporación Educativa Adventista, una escuela de iglesia en Cali, Colombia. [Fotografía: Asociación del Pacífico Colombiano]

Una mano amiga

Apenas unas horas después del terremoto, miembros de iglesia de varias congregaciones de la ciudad se reunieron para apoyar los esfuerzos de rescate y servir a la comunidad en su momento de necesidad. “Ayudamos a alimentar a los miembros de los equipos de rescate que llegaron desde México e Israel”, contó Andrade.

Andrade añadió que los espacios dentro de la escuela se convirtieron en lugares para que los miembros de las Fuerzas Armadas descansaran durante los esfuerzos de rescate en la zona. “Ahora mismo tenemos unos cuarenta soldados alojados allí”, informó el 17 de agosto

Los miembros de iglesia llegaron con alimentos y otros artículos para distribuir entre los afectados de la zona. La escuela pronto se transformó en un almacén y centro de distribución, informó Andrade. “Se convirtió en un movimiento notable en el que también pudimos ver la solidaridad de nuestros vecinos”, dijo. “Así, la escuela se convirtió en un centro de influencia que ayudó a que la Iglesia Adventista obtuviera una reputación destacada”.

Traducción de Marcos Paseggi