La construcción de iglesias puede tener un propósito espiritual, afirma líder adventista
24 de septiembre de 2026 | Bogotá, Colombia | Marcos Paseggi, Adventist Review
«Hay momentos en los que Dios llama a su pueblo a predicar», dijo Henry Beltrán, presidente de la Unión Colombiana del Sur. «Hay momentos en los que Dios llama a su pueblo a ir. Y hay momentos en los que Dios llama a su pueblo a servir. Pero hay momentos en los que Dios dice: “Construid el templo”».
Las palabras de Beltrán brindaron el fundamento bíblico para la construcción de iglesias durante una reunión de líderes de la iglesia regional con los directivos de Maranatha Volunteers International celebrada en Bogotá, Colombia, el 17 de agosto, apenas una semana después del terremoto que afectó a varias ciudades colombianas. En la reunión, que tuvo lugar en la sede regional de la iglesia, se analizaron las oportunidades para este ministerio de apoyo dirigido por laicos que se dedica a construir iglesias y colegios y a excavar pozos de agua en todo el mundo.
Un propósito espiritual
Sobre la base del mensaje bíblico del profeta Hageo, Beltrán leyó lo que Dios dijo al pueblo de Israel cuando regresó del exilio tras la destrucción del templo. Leyó: «Subid al monte, traed madera y reedificad la Casa; yo me complaceré en ella y seré glorificado, ha dicho Jehová» (Hageo 1:8). «Dios les dijo que subieran al monte y trajeran madera para construir el templo», subrayó Beltrán. Después de ello, Dios dijo que sería glorificado.

«La construcción tenía un propósito espiritual», afirmó Beltrán. «No se trataba solo de levantar paredes, de llevar a cabo un proyecto. Buscaba construir un templo para la gloria de Dios».
Explicó que un templo puede convertirse en un centro permanente de evangelización, un espacio para el culto, un refugio para el servicio y una escuela de discipulado. «Porque, aunque la iglesia está formada por personas, necesita un espacio físico para cumplir su misión», afirmó Beltrán.
Por qué es imprescindible contar con un templo
Beltrán explicó que «en un templo se predica la Palabra, se celebran bautismos y se forma a los líderes». Añadió: «Los niños aprenden de la Biblia, los jóvenes encuentran su lugar y las familias reciben ayuda y apoyo». Según Beltrán, un templo también es un lugar idóneo para celebrar reuniones en grupos pequeños, así como un lugar en el que las personas que se sienten solas pueden encontrar compañerismo y un sentido de comunidad.

La infraestructura misionera —un templo— desempeña un papel esencial en los últimos tiempos, antes de la segunda venida de Jesús, afirmó Beltrán. En ese sentido, subrayó: «La evangelización y la construcción de iglesias forman parte del mismo movimiento. Mediante los templos, la misión se multiplica. Porque no se trata de paredes, sino de servicio a la comunidad».
Los templos como parte del proceso misionero
Durante su presentación, Beltrán compartió un informe sobre las clínicas de salud y las reuniones de evangelización en el territorio que dirige, y explicó que los recientes bautismos de 1220 personas en Ibagué y Tolima exigen nuevos esfuerzos de formación de discípulos y la necesidad de que los nuevos miembros ayuden a establecer diez nuevas congregaciones.

Todo ello demanda también la construcción de nuevas iglesias, subrayó. «Predicamos para llegar a la gente, pero construimos para afianzarnos», afirmó.
Un hombre en motocicleta
Como parte de su presentación, Beltrán compartió un ejemplo de cómo la misión y la construcción de iglesias van de la mano. Relató la historia de Misael, un miembro laico adventista que solo cuenta con una motocicleta. Beltrán contó cómo Misael decidió visitar once aldeas de los indígenas sikuanis situadas en el territorio de la Asociación Llanos Orientales. «Misael aprendió sobre su cultura, comió con ellos y durmió [donde ellos dormían]», contó Beltrán. «Entonces Dios comenzó a abrir puertas».
Beltrán contó que Misael llegó a esas pequeñas aldeas como instructor bíblico, pero que también llevó comida, ropa y Biblias para las personas que visitaba. Gracias a su fiel labor, Misael logró llegar a miles de personas, y 700 de ellas decidieron bautizarse.

Sin embargo, «la misión no termina cuando una persona se bautiza», recordó Beltrán a los líderes tras su presentación. Por el contrario, «enseguida comienza una nueva etapa». Según relató, esa es la razón por la que los nuevos miembros de esas aldeas construyeron al poco tiempo once pequeñas iglesias de madera en las que pudieran reunirse.
El papel de apoyo de Maranatha
En ese sentido, Beltrán destacó los esfuerzos conjuntos del ministerio local y de los ministerios de apoyo con presencia internacional, como es el caso de Maranatha.
«Un evangelista abre la Biblia, un pastor bautiza y, con el tiempo, una iglesia da lugar a otra», resumió. Por otra parte, «ministerios como Maranatha construyen un lugar donde las personas puedan reunirse para estudiar la Biblia, un templo para formar a los nuevos miembros y, de este modo, brindar un hogar a esa nueva congregación».
Dirigiéndose a los responsables de Maranatha, Beltrán destacó que la presencia de estos ha sido la respuesta a veinte años de oraciones fervientes. «Ustedes son la clave para que podamos seguir adelante en el cumplimiento de la misión de la iglesia en la Unión Colombiana del Sur», afirmó.
¿Cuál debería ser nuestra respuesta?
Beltrán regresó entonces al mensaje transmitido por el profeta Hageo para recordar a los líderes: «Se requieren tres acciones por parte del ser humano: subir —debemos ir—; traer —debemos aportar—; y construir —debemos trabajar—».

Cuando comprendemos que tenemos ese llamado, ¿qué podemos decir?, preguntó Beltrán. «Solo podemos decir: “Señor, aquí están nuestras manos para que podamos trabajar juntos en la reconstrucción”», afirmó.
Beltrán señaló que, a raíz del reciente terremoto que sufrió Colombia, más de treinta iglesias se vieron afectadas. «Se derrumbaron algunos techos, las paredes se agrietaron y ahora hay hermanos que no tienen un lugar donde reunirse», comentó.
La Biblia deja claro que, cuando hacemos lo que Dios nos pide, su nombre será glorificado, subrayó Beltrán. «Su nombre será glorificado en un niño que aprende la Biblia, en la familia que ora, en la persona que llega sin esperanza y la encuentra, y en una congregación que crece y se multiplica», afirmó. «Ojalá podamos, juntos, ir a adquirir materiales, inspeccionar terrenos y construir templos para cumplir la misión de Dios».

