27 de octubre de 2026 | Valencia, España | Marcos Paseggi, Adventist Review

Para los jóvenes adventistas del séptimo día de muchos países, las cifras simplemente no cierran, afirmó Gabor Mihalec, pastor adventista del séptimo día y psicoterapeuta de Hungría. «Muchos jóvenes adventistas eligen a una pareja no adventista o buscan el amor en el extranjero».

La intervención de Mihalec sirvió de introducción a una ponencia en el Congreso Europeo de la Juventud Adventista 2026, celebrado en Valencia (España) en agosto. Su taller, titulado «El amor más allá de las fronteras: la cruda realidad de las relaciones interculturales», tuvo como objetivo desmontar mitos y poner de manifiesto qué aspectos necesitan tener en cuenta los jóvenes adventistas que se plantean iniciar una relación intercultural, de manera que puedan incrementar sus posibilidades de éxito.

La verdad es —señaló Mihalec— que el número de parejas interculturales está aumentando en todo el mundo y, aunque «no podemos prever dónde clavará su flecha Cupido», sí podemos ayudar a los jóvenes adventistas a salir adelante. «Queremos que tengan las mejores oportunidades posibles de alcanzar la felicidad», afirmó.

Durante el reciente Congreso Europeo de la Juventud Adventista de 2026, celebrado en Valencia (España), Gabor Mihalec, pastor adventista del séptimo día y psicoterapeuta de Hungría, ofreció una ponencia sobre los retos de las relaciones interculturales. [Foto: Marcos Paseggi, Adventist Review]

Una tendencia en aumento

Una relación de amor intercultural es un vínculo romántico entre dos personas que proceden de entornos culturales distintos. Su relación viene determinada no solo por sus personalidades individuales, sino también por los diferentes significados adquiridos, valores, expectativas familiares, estilos de comunicación, hábitos emocionales, tradiciones e ideas sobre lo que se considera «normal» en el amor.

Mihalec citó estadísticas del Pew Research Center, con sede en Washington, D.C., según las cuales, en 1967, en Estados Unidos, el 3 por ciento de todas las parejas de recién casados había contraído matrimonio con alguien de otra raza o etnia. En 2017, esa cifra había aumentado hasta el 19 por ciento.

En otros países, los porcentajes son incluso más elevados. En Francia alcanzó el 27 por ciento en 2015, y en España, el 21,5 por ciento en 2024. Singapur, con un 36,6 por ciento, registró probablemente el porcentaje más elevado de 2024.

Sin embargo, puede resultar un tema complicado. Según los estudios, el riesgo relativo de divorcio se duplica cuando una mujer blanca se casa con un hombre negro, y es aproximadamente 1,5 veces mayor cuando una mujer blanca se casa con un hombre asiático. Solo los maridos blancos con una esposa negra presentan un riesgo de divorcio de aproximadamente 0,56 en comparación con una pareja blanca promedio.

No es para todo el mundo

En general, explicó Mihalec, es importante recordar que las relaciones interculturales no son para todo el mundo. «No son para personas que se sienten superiores a otras culturas, que esperan que su pareja les lea el pensamiento o que evitan las conversaciones difíciles», afirmó. «No son para personas que desean la belleza de otra cultura sin su complejidad, ni para aquellas que piensan que el amor implica que la otra persona se convierta en alguien como uno». Añadió: «Recuerden que el amor intercultural no consiste en ganar una discusión cultural, sino en construir un mundo compartido».

Cada vez son más los jóvenes adventistas del séptimo día que encuentran a su pareja en Internet, normalmente fuera de su cultura de origen. [Fotografía: Marcos Paseggi, Adventist Review]

Por otra parte, Mihalec explicó que las relaciones interculturales son para personas dispuestas a comunicarse con claridad, honestidad y frecuencia. «Son para personas que sean capaces de decir: “Ayúdame a comprender por qué esto es importante para ti”», subrayó. «Para personas que no se preguntan: “¿Qué cultura prevalecerá?”, sino: “¿Qué tipo de hogar podemos construir juntos?”».

¿Identidad fundamental o secundaria?

En ese sentido, Mihalec instó a su audiencia a recordar que, en cualquier relación —no solo en las interculturales—, es esencial distinguir entre los elementos que constituyen la identidad fundamental de una persona y lo que es secundario. «La identidad fundamental incluye la fe y la cosmovisión, los valores fundamentales y las convicciones morales, así como la cultura y el sistema familiar», afirmó. «También incluye el matrimonio y las expectativas según el sexo, la crianza de los hijos y la visión de futuro».

La identidad secundaria, por su parte, se ve definida por los gustos y el estilo, los pasatiempos y el tiempo libre, así como por las rutinas y los hábitos cotidianos, explicó Mihalec. «También incluye las preferencias personales y las pequeñas tradiciones», afirmó.

Conversaciones esenciales

Ante esa realidad, es fundamental mantener algunas conversaciones antes del matrimonio, subrayó Mihalec. «Esas conversaciones pueden ayudar a averiguar cuál es la postura de la otra persona respecto a cuestiones como el individualismo frente al pensamiento colectivo, la autorrealización frente a los derechos y obligaciones innatos, y hasta qué punto la otra persona es práctica o idealista», explicó.

A pesar de estos y otros desafíos, Mihalec hizo hincapié en que es importante recordar que «la diferencia no es un obstáculo que haya que superar». Explicó: «Las parejas interculturales tienen más posibilidades de alcanzar la felicidad cuando reconocen sus diferencias, las respetan como valores, las celebran y las integran en su cultura compartida».

«Las parejas interculturales tienen más posibilidades de alcanzar la felicidad cuando reconocen sus diferencias, las respetan como valores, las celebran y las integran en su cultura compartida», afirmó Gabor Mihalec. [Fotografía: Marcos Paseggi, Adventist Review]

Un estudio de caso

En la segunda parte de su presentación, Mihalec compartió un par de casos prácticos de jóvenes adventistas de distintos orígenes culturales que se conocieron por Internet y, finalmente, decidieron compartir sus vidas y casarse. Entre ellos presentó el caso de Anggi, de Indonesia, que se casó con Norbert, un húngaro afincado en el Reino Unido.

Mihalec contó que se conocieron a través de una plataforma en línea para adventistas solteros. Tras su atracción inicial, Anggi y Norbert tuvieron que aprender a lidiar con sus diferencias culturales. Una de ellas, por ejemplo, fue sus preferencias alimentarias. «A Anggi le gusta comer arroz y comida picante, mientras que Norbert prefiere la comida sin ajíes», explicó Mihalec.

A continuación, Norbert explicó cómo han aprendido a lidiar con esa diferencia fundamental. «Anggi suele preparar dos comidas distintas… Aunque supone un esfuerzo adicional, lo consideramos una forma de respetar los gustos y los orígenes culturales de cada uno». Al mismo tiempo, según comentaron, han encontrado un punto en común al desarrollar una pasión compartida por la comida turca.

Algunas herramientas útiles

Cuando se les preguntó cuáles son las herramientas más eficaces que utilizan para gestionar sus diferencias, la joven pareja, casada desde hace varios años, explicó que se basan en «la comunicación abierta, el respeto mutuo y la disposición al compromiso». Añadieron: «Hablamos abiertamente de nuestras expectativas e intentamos encontrarnos a mitad de camino. Además, evitamos imponer nuestros propios puntos de vista o tradiciones al otro y optamos por comprender y respetar nuestras diferencias. Ese enfoque nos ha ayudado a generar confianza y fortalecer nuestra relación».

Reconocen que otra diferencia clave a la que tienen que hacer frente es el idioma. En el caso de Anggi y Norbert, se comunican en inglés. No obstante, Anggi ha comentado que está aprendiendo algo de húngaro para poder comunicarse con los padres de Norbert, mientras que Norbert también está aprendiendo algunas palabras y expresiones en bahasa. «Esos esfuerzos nos ayudan a sentirnos más cercanos el uno al otro y a mostrar respeto por las familias y culturas de cada uno», afirmaron.

Según Gabor Mihalec, es importante ayudar a los jóvenes adventistas que se plantean una relación intercultural a que esta tenga éxito. «Queremos que tengan las mejores probabilidades de ser felices», afirmó. [Fotografía: Marcos Paseggi, Adventist Review]

Anggi y Norbert también han desarrollado una «tercera cultura» al «crear rutinas y roles que combinan [sus] personalidades y orígenes», según han explicado. Al mismo tiempo, Anggi y Norbert reconocen que, tras unos años de matrimonio, el amor no basta. «Un matrimonio sólido también requiere oración, fe, paciencia y mucha comprensión», comentaron. «Hemos aprendido la importancia de ser sinceros el uno con el otro, afrontar los desafíos con humildad y trabajar juntos para encontrar soluciones en lugar de culparnos mutuamente».

Sugieren que las parejas que inician una relación intercultural deberían dedicar tiempo a conocer a las familias de cada uno antes del matrimonio. «Hablen abiertamente de sus expectativas, de las responsabilidades familiares y de las decisiones importantes», afirmaron. Además, «intenten valorar las diferencias de cada uno, apóyense mutuamente en sus aficiones e intereses, y den consejos sin intentar controlar al otro».

Algunas pautas inspiradoras

Mihalec recordó a los jóvenes adventistas que existen varios consejos bíblicos que pueden ayudar a las parejas interculturales a prosperar. Mencionó, por ejemplo, hacer la segunda milla (Mateo 5:41), no buscar únicamente nuestro propio beneficio (1 Corintios 10:24) y ser rápidos para escuchar y lentos para hablar (Santiago 1:19). También enumeró la aceptación del mundo del cónyuge (Romanos 15:7), practicar la igualdad ante Dios (Gálatas 3:28) y convertirse en uno sin borrar al otro (Génesis 2:24).

Concluyó citando el consejo que Elena G. White, cofundadora de la Iglesia Adventista, dio a las personas que están pensando con quién casarse. «El paso que está por dar es uno de los más importantes de su existencia, y no debe darlo apresuradamente.», leyó Mihalec. «Si bien puede amar, no lo haga a ciegas».[*]

[*] Elena G. White, Cartas a jóvenes enamorados (Miami, Fl.: Asociación Publicadora Interamericana, 1987), p. 34.